POR una curiosa coincidencia del destino nos encontramos (sorprendentemente) con la misma imagen en las dos operaciones urbanísticas más importantes para el futuro de Valladolid. Ahí está Richard Rogers como figura central en las dos fotos. El 16 de junio con el alcalde de la ciudad, presentando su propuesta sobre los terrenos del ferrocarril. Y a los pocos días (28 de junio) con un promotor privado, presentando otra, esta vez para la zona de Valdechivillas. La vinculación entre ambas operaciones se hace inevitable.
Terrenos ferroviarios
Y no viene mal, por cierto. Pues todavía no conviene analizar separadamente cada una de esas piezas, sino en el contexto urbanístico general. En primer lugar, porque la ordenación detallada que ahora se explica puede no ser nada, o casi nada. Puede modificarse más adelante, en muchos de sus principales componentes, con una facilidad extraordinaria. De manera que es preferible fijarse, por ahora, en lo que pueda considerarse más sólido, prácticamente irreversible. Nada de cantos prematuros sobre las bondades del proyecto (por ejemplo: el tratamiento del eje sobre el actual trazado de las vías, que lo plantean con potencialidad de convertirse en un nuevo "paseo del Esgueva", muy interesante). Ni tampoco sobre los defectos. El mismo equipo de Rogers, con sensatez y sentido de la realidad, relativiza enormemente su propuesta. ¿Se harán esas torres que se dibujan, por ejemplo? Se pueden quitar, nos dicen; no importan demasiado. Casi todo se puede quitar.
¿Qué quedará entonces? En mi opinión, hay unas cuantas decisiones que son de calado y ya casi inalterables. A saber: la gran edificabilidad, el traslado de los talleres, la decisión sobre el porcentaje de viviendas libres. O dicho de otra forma, el destino global y los grandes números de esos terrenos "que libera" -menuda expresión: ¿estaban presos?- el soterramiento. Solo un improbable vuelco urbanístico modificaría las condiciones que ahora se quieren aprobar. Ningún otro elemento de lo proyectado por Rogers está aún asegurado. El Ayuntamiento solo necesita por ahora que exista algún proyecto, sea el que sea, para impulsar el proceso de transformación urbanística en la dirección que le interesa. Basta eso, se tracen las calles como se tracen.
Valdechivillas
En el otro lado están las 450 hectáreas de Valdechivillas. ¿Qué será aquí lo irreversible? La reciente historia de la ciudad nos da algunas pistas. Ahí está Parquesol, por ejemplo, que empezó muy modestamente, casi a escondidas, en el cerro de la Gallineja. En un plan general de saldo (el de 1970), que acabó totalmente deshecho, lo único que quedó de firme fue la clasificación como suelo urbanizable de Parquesol. Su clasificación bastó. Era, sin duda, el peor emplazamiento posible para soportar el crecimiento de la ciudad. Una zona injustificada, que daría lugar a mil problemas (que los dio, que los da), pero que se aprobó, como sabemos, por el interés y las negociaciones que hicieron los propietarios de los terrenos. Después ya nadie lo suprimió. Durante un par de décadas ese sector protagonizó absolutamente el crecimiento de la ciudad, y hoy nos encontramos con un barrio vital, sí (cómo no habría de serlo: alberga gran cantidad de población joven), pero completamente banal.
Pues bien, es muy posible que en eso vaya a quedar, por ahora, Valdechivillas: en la clasificación del suelo, esa cabeza de playa de la operación inmobiliaria, que es lo que se pretende consolidar, mientras que toda la parafernalia (los arquitectos de firma, los "edificios emblema", el museo de la locomoción o el centro enológico), no son más que entretenimientos de salón. Maniobras de distracción que muy probablemente nunca se lleven a cabo. Lo importante es la clasificación (ahora sí entendemos bien el nuevo plan general, y comprendemos por qué "se cayó" el documento que imponía condiciones específicas a las nuevas áreas homogéneas, como esta), y el compromiso de inversiones públicas para su funcionamiento (esa Ronda Este que nadie necesita, salvo para dar acceso precisamente a estas nuevas urbanizaciones).
Otros titulares
Lo que ahora hay, por tanto, es la definición y consolidación de los grandes números de algunas zonas de la ciudad, no otra cosa. Lo demás es humo. No dispersemos la atención y centrémonos en la forma general de la ciudad que se nos está planteando. ¿Recuerdan otros titulares, tan contundentes como los de hoy, que en su momento dieron que hablar y que finalmente se demostraron inocuos? ¿Recuerdan cuando se hablaba de que en la zona de los talleres se construiría "la mayor plaza de Europa" (Idom)? ¿O cuando se comentaba el proyecto de Bofill como definitivo? ¿O cuando se decía que se crearía "una gran dehesa verde en el centro de la ciudad" (lo dijo nada menos que José Mª Marcos, en el 2001; entonces gerente de Indeva)? ¿O cuando, ya el mismo Rogers, decía que pensaba en un barrio con mezcla de usos (27 de julio del 2005)? ¿Por qué ahora ha de ser diferente? No ha llegado aún el momento de analizar detalles, sino lo global. Ver cómo afectan a la forma general de la ciudad las decisiones que, envueltas en imágenes más o menos interesantes, se están asumiendo. Es ahí donde hay que centrarse.