CONDOLEEZZA RICE, con oficio, dijo ayer en Beirut al primer ministro Fuad Siniora que está «profundamente preocupada» por lo que sucede allí y «lo que está sufriendo el pueblo libanés», pero no cambió, que se sepa, una jota a la oposición a un rápido alto el fuego que pondría fin a tanto sufrimiento. Lo poco que trascendió de su escala beirutí traducía una «atmósfera muy negativa» de su encuentro más relevante en términos políticos, el sostenido con Nabih Berri, chií, presidente del parlamento, jefe del partido Amal, pro-sirio de toda la vida y socio parlamentario del Hezbolá. Rice habría repetido, con destino a Hassan Nasrallah, lo sabido: si quiere un alto el fuego, Hezbolá debe retirarse a 20 kilómetros de la frontera, liberar a los dos soldados capturados y poner fin al lanzamiento de misiles.
La etapa suponía un cierto riesgo político porque visitaba un país machacado por su estimado socio israelí bajo el paraguas de EE. UU. y su vetoa un cese del fuego. Tal veto, sin embargo, parece acercarse poco a poco a su fin: la secretaria de Estado ya acepta que «es urgente», bajo ciertas condiciones y Tony Blair lo describió como imperativo y dijo estar trabajando para alcanzarlo. El manejo de la crisis desde la Casa Blanca, con un presidente Bush convertido en el abogado de Israel contra el mundo entero en la interpretación del derecho israelí a la autodefensa (hasta Londres ha cambiado su tono tras el viaje a Beirut del ministro Kim Howells, quien se horrorizó) suscita ya un saludable debate en Washington. Ayer, en el semanario 'Time', el acreditado Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional del presidente Carter, escribió abiertamente a favor de una solución impuesta si los EE. UU. quieren mantener su liderazgo internacional, criticó por irrealista la negativa a hablar con factores clave de la crisis, como Siria o Hezbolá y pronosticó que Israel corre a medio plazo el riesgo de Francia en Argelia si se empecina: «ser primero usado y finalmente, expulsado».
Se da por hecho que si la Secretaria mantiene su viaje a Kuala Lumpur, volverá a Roma para la prevista (y técnicamente confusa) conferencia con europeos y árabes, algunos árabes, y eventualmente regresará a Oriente Medio para apurar la semana y tener para el domingo un borrador de acuerdo bien trabajado. Hasta entonces, más de lo mismo.