Lleva un año largo al frente del Instituto Cervantes de Viena. Carlos Ortega (Valladolid, 1957) tiene en su curriculum haber dirigido la Biblioteca Nacional, pero de España se fue con la espinita de abandonar la dirección de la editorial Losada, algo en lo que había puesto un empeño personal. Emigró a una ciudad cuya cultura no le es ajena a este licenciado en filología germana que ha dejado al ralentí su faceta poética ('Cruciare semetisum', 'Recuentos', 'La lengua blanda') y su labor como crítico y traductor para dedicarse en cuerpo y alma a una institución con solera en la capital austriaca. Estos días ha participado en León en el encuentro de directores del Cervantes.
Su llegada al centro vienés coincidió con el estreno de una nueva sede, situada en un palacete en el centro de la ciudad. Un edificio con empaque en la ciudad de la arquitectura grandiosa y el urbanismo ordenado para una representación cultural que aún, con sus mil matrículas y sus 22 profesores -entre fijos y colaboradores-, no ha tocado techo.
-El español tiene tirón en Viena?
-Es algo sorprendente. Actualmente hay 5.000 alumnos estudiando Románicas en la Universidad de Viena, pues bien, de ellos 2.500 están haciendo Hispánicas. Es decir, de las seis o siete lenguas romances entre las que pueden elegir, la mitad eligen español. En Austria el inglés es el segundo idioma en la educación, y en secundaria se ofrece también el francés. Sin embargo, yo creo que el Gobierno se tendría que plantear esta cuestión porque, cuando los alumnos pueden elegir, la demanda del español supera con mucho a la del francés. El interés que hay en Austria por España va más allá del idioma, es un interés por su cultura que quizá parte de sus lazos históricos comunes. Nuestros alumnos no solo quieren hablar español, están interesados por nuestra cultura a unos niveles más profundos y eso se nota tanto entre los principiantes como en los que están en niveles avanzados.
-O sea, que es un centro con posibilidades de expansión.
-Sí, aunque el crecimiento de las matrículas en uno u otro centro es muy diferente según la zona del mundo y no hay una regla que explique el fenómeno. El Cervantes de Viena es un centro muy consolidado y con posibilidades de crecer. Pero el nivel de implantación de un centro así en una capital extranjera es un tema inagotable. No te puedes dormir en los laureles. En nuestro caso, tenemos que hacer valer el prestigio y el rigor de nuestra enseñanza que en cuanto a nivel de calidad es mayor que otras muchas academias que imparten la lengua en la ciudad. Ganarse el crédito es difícil y mantenerlo aún más.
Incentivo
-Las actividades culturales paralelas son también un síntoma de vitalidad. ¿Está satisfecho de esta faceta del centro?
-Nuestro presupuesto para actividades culturales sale del pago de las matrículas. Funciona casi como un incentivo. Y a mí me gusta este sistema. Supone que cuantas más matrículas tienes más dinero puedes emplear en actividades paralelas y, al mismo tiempo, estas sirven para darte a conocer, para tener más presencia en la ciudad y por lo tanto para incrementar el número de matrículas. En cuanto a lo realizado en este año, tengo la sensación de que hemos hecho una programación más coherente, menos de aluvión, por decirlo así, han estado programadas con más intención.
-¿Y cuál ha sido el cartel?
-En primer lugar celebramos el centenario de Elías Canetti, que en ese momento estaba pasando bastante desapercibido en Viena. Organizamos un ciclo en el que se analizaban sus relaciones con la cultura española, dado su origen sefardí (su lengua materna fue el ladino) y que él había dicho que era un poeta español que escribía en alemán. Lo celebramos a lo largo de un trimestre y contamos con el director austriaco que ha hecho una película sobre su vida, con su biógrafo alemán y con su editor español, Mario Muchnik. Para cerrarlas contamos con el escritor italiano Claudio Magris, que fue un gran amigo suyo.
-Vaya lujo.
-Sí. La verdad es que sacamos bastante partido al presupuesto (risas). También repasamos en unas jornadas las relaciones de Thomas Bernhard con España y también tuvieron bastante éxito. Además de su traductor español, Miguel Sáenz, contamos con Krista Fleishmann (la periodista que él eligió para tres cortometrajes de la televisión austríaca que luego aparecieron como un libro), así como con su biógrafo alemán y con su hermanastro, que es quien administra su legado. El año lo hemos completado con un ciclo de documentales titulado 'Imágenes contra el olvido' sobre la República y la Guerra Civil española y hemos dedicado un programa muy especial a la música. En una ciudad como Viene y con el año Mozart a pleno rendimiento, nos hemos centrado en la música contemporánea española.
Industria
-Ahora se habla mucho del español como una industria a desarrollar. ¿Realmente tiene tantas posibilidades de desarrollo económico como nos venden desde las instituciones?
-Todo lo que ha pasado hasta ahora en este campo era ir por detrás de los acontecimientos. Por ejemplo, cuando se abría un centro del Instituto Cervantes en un país era porque antes había una demanda clara. Es decir, se estaba respondiendo a una exigencia. La demanda del español está ahí. No inventamos nada. No estamos hablando solo de un idioma que lo habla mucha gente, como el chino pero solo en un país. El español lo hablan 500 millones de personas en varios continentes y si uno analiza económicamente las cosas... Hay un potencial enorme. Ahora es cuando empezamos a ir por delante de los acontecimientos. Se habla mucho del español como empresa en los dos sentidos, como tarea educativa y como negocio y me parece bien. ¿Hemos tenido en cuenta el dinero que supone mandar a los niños a estudiar inglés a Irlanda o a Estados Unidos? Pues el mismo puede recibir España con los estudiantes de español. Planes como el de la Junta de Castilla y León me parecen bien, y me parece muy inteligente que cuenten con el Cervantes porque si no, no sé cómo se podría hacer.
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