«La última vez que fui a un restaurante pedí lubina. Pregunté si era de piscifactoría. 'Para nada, señor, esta es salvaje', respondieron. Pues va a ser que no, dije, yo lo que quiero es una buena lubina de crianza». Salvador Cárdenas, miembro del Consejo de Dirección de la Sociedad Española de Acuicultura, es el protagonista de la anécdota, y el mismo que justifica: «Del pez procedente de la acuicultura se conoce la trazabilidad. Del salvaje, en cambio, nadie sabe dónde nació, qué comió y por qué mares navegó hasta que fue capturado. Y yo lo que quiero es saber los apellidos de lo que como».