Hace años era el rey de la Feria del Queso de Frómista. El propio nombre de la fiesta ya lo indicaba, y él con su olor, lo demostraba, congregando a miles de personas alrededor de los puestos colocados entonces en la avenida Ingeniero de Rivera. Castellano, manchego, de Roncal, Cabrales o Idiazábal. La variedad de productos, él éxito de público y el cuento de la lechera que contaron algunos comerciantes, hicieron que otros compañeros e hijos de artesanos gastronómicos se sumaran a la iniciativa.
Su llegada fue interpretada por algunos como un intento de desbancar al queso de su reinado y de arrebatarle el protagonismo. Tal es así que ayer lo confirmaban al comprobar que entre los expositores que participaban en la decimotercera edición de la Feria del Queso, una mínima parte eran de venta de queso.
El recorrido por los doce puestos por la plaza de San Martín ofrecía atractivos gastronómicos de la provincia, como las pastas del Boedo, la miel de Abia de las Torres o la cecina y otros embutidos de Villarramiel. También los había de fuera, como las empanadas pasiegas y quesadas cántabras, las conservas o los vinos del Duero, o incluso trabajos artesanales, como las mantas y jalapas de Salamanca o las lámparas de cristal.
Pero solo había tres puestos de queso. Eso sí, contentos y satisfechos de cómo estaba marchando la jornada de promoción para su producto y de rentabilidad económica para su bolsillo. «Hemos venido muchas ediciones y sí es verdad que hay menos gente y expositores que otros años. A pesar de todo, la feria del queso de Frómista es una de las más exitosas para nosotros, siempre vendemos mucho», señaló ayer Daniel Tarilonte Delgado, al frente del puesto de Quesos Lagunilla-La Olmeda, de la localidad palentina de Lagunilla de la Vega, cerca de Saldaña.
La misma opinión compartían la empresaria burgalesa que dirigía el stand de los quesos 'La casona de los Pisones' o la leonesa del 'Campar de Lilaina'. «Es una gran plataforma de promoción, una gran oportunidad de conectar con el público, que sobre todo se interesa por los quesos de cabra y de oveja elaborados de forma artesanal», matizaba Soraya Parrado, encargada del puesto leonés.
El éxito de ventas y sus valoraciones hacían pensar que no se las daban con queso, y que a pesar de la escasa presencia de expositores de este producto lácteo, el rey de la feria guardaba todo el protagonismo.
El alcalde de Frómista, Fernando Mediavilla, apuntaba en la misma dirección. «Podía haber muchos más expositores, de hecho algunos nos han pedido acudir a la feria con productos de carácter más industrial. No hemos accedido porque supondría perder la esencia de una feria dedicada más que al queso, a todo lo artesanal y tradicional», matizó el regido, que quiso precisar también que el descenso de visitantes con respecto a otros años se podía deber a la proliferación de este tipo de ferias y productos artesanales por muchos pueblos y localidades.
Artesanales eran también los manteles, las alfombras, los paños, los vestidos y camisetas que vendían las integrantes del grupo Manos Unidas en Frómista. Su presencia en la feria se debía a una causa solidaria, pues toda la recaudación obtenida irá destinada a financiar la construcción de un colegio de Educación Secundaria en Burundi, en el contienente africano.
Solidaria, aunque más reivindicativa, era también la presencia de los jóvenes de la asociación La Tejera que aprovecharon el reclamo que la feria tiene para atraer a vecinos y visitantes, además de representantes políticos, como el presidente de la Diputación, Enrique Martín, o el Subdelegado del Gobierno, Gabriel Castañeda, para dejar patente su rechazo a la decisión de la institución provincial de no conceder ayudas al Consejo de la Juventud de Palencia. Por este motivo, recogieron firmas entre los asistentes y realizaron un programa radiofónico en el que expusieron el asunto y preguntaron al público qué opinaba al respecto.