NORMALIDAD en la puesta de largo del Auditorio escurialense, con una ópera escenificada. Se eligió ese hermoso y profundo cuento de Mozart. Los mimbres de calidad, una orquesta primerísima, un gran maestro, unos jóvenes interpretes adecuadísimos para sus personajes. El montaje del hijo de Claudio Abbado eligió la vía artesanal, los telones, los objetos, la sucesión de espacios, un tanto naif en las soluciones concretas. Algunos de los apuntes escenografitos de Luzzati fueron ingeniosos y originales, aunque los numerosos cambios no siempre funcionaran. La escena casi vacía, con el fondo del ciclorama, fue más expresiva que la acumulativa. Sonido cristalino, afinado, el de la Orquesta, gran labor del maestro, en una visión profunda de la partitura, ese lado ritual y filosófico, con tiempos lentos. Su gestita natural y elegante, su dominio, su forma de acompañar a los cantantes y de hacer sonar al conjunto, propiciaron los bravos que saludaron su presencia en el escenario al final. Buen nivel de cantantes y coro. Destacaron Sylvia Kore, una magnifica Reina de la Noche; Rachel Harnisch, una dulce Pamina, y la simpática Nicola Ulivieri en Papageno. Como actores nada que reprocharles. Una buena puesta de largo.