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Lunes, 24 de julio de 2006
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Arévalo escultórica
Cinco estatuas, una de ellas en honor al cochinillo, adornan las calles y plazas de la localidad abulense
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Pocas localidades con una población como la del municipio de Arévalo, en Ávila, cuentan entre sus calles con un total de cinco estatuas, de las cuales cuatro representan a otros tantos personajes nacidos o relacionados con la ciudad, mientras que otra está erigida en honor al plato típico de la población, el cochinillo asado.

Las primeras estatuas que se erigieron en la ciudad datan de los años setenta del siglo pasado. Se trata de las efigies del poeta y dramaturgo del siglo XIX Eulogio Florentino Sanz, así como la del escritor y maestro de periodistas Emilio Romero, ambas esculpidas por el recientemente fallecido Juan de Ávalos -notorio por sus trabajos para el Valle de los Caídos, en especial por las gigantescas figuras de los Evangelistas y las de los Amantes de Teruel-. Los bustos de Eulogio Florentino Sanz y Emilio Romero están situados en la plaza del Real, uno frente al otro, como si mantuvieran una tertulia permanente sobre la literatura y la narrativa, lo que en su actividad laboral les unió.

Ya en este siglo, la plaza del Arrabal fue el lugar escogido para instalar en el 2001 un monumento de exaltación al cochinillo de Arévalo, cuyo autor es el artista abulense Carmelo San Segundo. La escultura, realizada a tamaño natural, refleja al animal asado y dentro de la cazuela, tal y como suele ser sacado del horno. San Segundo es el autor también del mural 'Comunicación entre dos mundos' que está situado en el Edificio de Telefónica de Arévalo para conmemorar el quinto centenario el descubrimiento de América.

Isabel la Católica

En el año 2004, coincidiendo con el quinto centenario de la muerte de Isabel la Católica, el Ayuntamiento de Arévalo instaló una estatua a tamaño natural que representa a la reina como una joven adolescente, rememorando así la etapa de su vida que vivió en la casona real que la dinastía de los Trastámara tuvo en la ciudad. La estatua es obra del escultor Francisco Aparicio.

Aparicio es también el autor del monumento que en la plaza de San Francisco se ha instalado hace unos meses para recordar al trinitario Fray Juan Gil, redentor de Miguel de Cervantes y que se colocó con motivo del cuarto centenario de la publicación del Quijote para inmortalizar la figura de una persona que fue clave para que se pudiera escribir la novela culmen de las letras españolas.

Francisco Aparicio nació en la localidad toledana de Yepes en el año 1936. Estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid. En la capital realizó su primera exposición, posteriormente mostraría su obra por diversas ciudades españolas, tales como San Sebastián, Pamplona, Santander, Segovia y Málaga, entre otras. Asimismo, existen creaciones suyas en Los Ángeles, Manila, Bruselas y San Francisco. En 1961, recibe el Premio Nacional de Escultura y ha sido también Medalla de Plata en el centenario del Círculo de Bellas Artes de Madrid (1970). Su obra es de definición realista, si bien supera la simple descripción, aunque su trabajo se encuadra también en el realismo mágico madrileño de la década de los sesenta. Se trata de un artista que busca la esencia de la persona por encima de los títulos.



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