Juan Carlos Higuero ha dado un salto de calidad en Zaragoza. No por el título de campeón de España de 1.500, previsible. Sí por la forma, contundente. Por el estilo, cogiendo las riendas en el ecuador de la carrera, como sólo lo pueden hacer los grandes de esta disciplina. Porque el burgalés no se puede contener. Se siente fuerte y pide pista, se plantea retos, pone en fila a sus compañeros. Físicamente está pletórico, pero la diferencia no está en su aparato locomotor. No. El trampolín fue una carrera que ni siquiera ganó. La Golden Gala de Roma, en el estadio olímpico, fue la que transformó al mediofondista de Aranda de Duero, quien entró cuarto después de correr en 3.31.57.