Los españoles trabajamos más horas y cada vez nos cunde menos. El estancamiento de la productividad por hora trabajada causa más de la mitad del retraso en renta por habitante que padece España respecto a la media europea y con relación a Estados Unidos, según un estudio elaborado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas por encargo de la Fundación BBVA.
Los expertos proponen apostar por la producción de bienes de gama alta y mayor calidad y deslocalizar y descentralizar la producción y los procesos que se desarrollan en los segmentos de menos valor añadido. Para que el crecimiento económico no se estanque, España necesita incorporar en mayor medida los progresos técnicos y modificar su perfil inversor, centrado ahora en la construcción, residencial y de obra pública, para volcar los desembolsos en los activos que aportan más valor añadido a los productos, desde los equipos que incorporan tecnologías al capital humano mejor formado.
Para relanzar la productividad, los autores del estudio proponen especializarse en los productos más innovadores y en aquellos otros cuya mayor calidad justifica precios más altos.
También sugieren deslocalizar la producción: crear filiales en países de costes bajos y mantener el control de los procesos que constituyen el núcleo de las actividades más productivas y, finalmente, externalizar aquellas tareas en la fabricación de productos o en los procesos que, por su estandarización compensa más «comprarlos en lugar de hacerlos». La especialización de la economía española tiene dos elementos de debilidad: estamos poco orientados a los sectores de tecnología alta y media-alta y nuestro comercio está volcado hacia países que demandan bienes y servicios de mayor calidad y valor añadido.
En otras palabras, la posición de España no destaca en la fabricación de componentes electrónicos, productos farmacéuticos, ordenadores, comunicaciones o instrumentos de precisión, los sectores más dinámicos en el comercio mundial. Cierto que somos líderes en otros segmentos que protagonizan los intercambios, como los géneros de punto y muebles, entre las manufacturas. Pero, en estos últimos, son los países del Este europeo y los emergentes asiáticos los que, con unos costes muy inferiores, nos están expulsando de los mercados.