LA táctica del equipo Phonak en la etapa del viernes ha comenzado a dar sus réditos. El equipo de Floy Landis tuvo una jornada cómoda, en la que no aparecieron por la cabeza del pelotón. Saben que con el ritmo que llevaban hubieran llegado rotos a Alpe D'Huez y tratan de evitar, dentro de lo posible, el mayor desgaste posible.
Lo que no se entiende muy bien es la postura del Rabobank. A poco que hubiesen trabajado camino de Montélimar habrían conseguido que Landis siguiese de amarillo y habrían obligado a su equipo a tener que trabajar. Los movimientos de los holandeses en las carreras de tres semanas no parecen muy brillantes, quizá por la estructura del grupo, que hasta la llegada de Menchov no ha contado con un corredor para la general.
Un Tour que lleva ocho líderes desde que salimos de Estrasburgo: Hushovd, Hincapié, Boonen, Honchar, Dessel, Landis y Pereiro, habla de la falta de control que tiene la carrera. También puede ser que durante siete años hemos estado acostumbrados a la tiranía de Lance Armstrong y se nos había olvidado que el maillot amarillo suele cambiar mucho de espaldas. El récord está en nueve cambios de líder en 1987. Igualar esa cifra no será difícil tal y como van las cosas. Desde el martes la carrera va a tener poco tiempo para las rectificaciones. Alpe D'Huez, La Toussuire y Morzine en el menú pueden traernos muchas sorpresas entre los mejores de la general. Lo que no se verá es un ataque de lejos.
Este Tour puede estar loco, pero sigue sin haber nadie que sea capaz de moverlo de verdad.