Francisco Rivera Ordóñez es, a su pesar, un habitual de la prensa rosa, algo que lleva con paciencia pero no con resignación, y es que no se resiste a no tener vida privada. Este mes ha pasado unos días en Ronda descansando con su hija Cayetana, y su novia, Blanca. Allí se siente como en casa, y es que su abuelo, Antonio Ordóñez, amaba la ciudad. En Ronda, además, tiene familia y algunos de sus mejores amigos; con ellos pasea y se divierte sin el constante acoso de prensa y curiosos. Entonces a Francisco se le ve relajado, y no duda incluso en acudir a los cursos de verano de la Universidad de Málaga acompañado por su pareja y su hija. Es más, a Cayetana se la puede ver jugando con sus amigas en algunas de las plazas y parques de la ciudad. En Ronda, Francisco es uno más.
-¿Es Ronda el sitio ideal para relajarse?
-Es el sitio ideal para muchísimas cosas. Mis amigos, de los diez que puedan ser, unos cuantos están en Ronda, y yo aquí me encuentro en mi sitio.
-¿Cómo lleva que los toreros sean tratados como estrellas de cine?
El torero es alguien que hace algo que nadie es capaz de hacer, e igual que en otros deportes, en todos, lo que se busca es la seguridad, en el toro, que hay una parte de deporte, es al contrario: se busca el toro cada vez más grande, se evita la manipulación de astas, el torero va a plaza sin ninguna protección, el torero es un personaje único, no como actores de cine. De hecho en España cuando a alguien se le quiere halagar se le grita 'torero, torero'.
-¿Teme más al toro o a la prensa del corazón?
-Al toro le tengo un grandísimo respeto, una gran admiración y muchísimo cariño, y la diferencia entre el toro y la prensa del corazón es que él es muchísimo más noble, muchísimo más honesto, y siempre viene por derecho. A la prensa del corazón no le tengo ningún miedo, al contrario, me da mucha rabia, me indigna la mentira y la manipulación. Pero como en todo, dentro de ese tipo de prensa hay gente buena y gente mala.
-¿Han ido más allá sus peticiones de protección de la intimidad de los famosos?
-Lo que pido, y dentro de mi voto como cualquier otro español llego incluso a exigir, es que ya que hay una ley, que se haga respetar. Comprendo que en algunas cosas puedo tener menos derechos que alguien anónimo, pero eso no quita que no tenga derecho a una vida privada como todo hijo de vecino, y a que la información que se dé sobre mí y mi entorno sea veraz y contrastada.
-¿Lo que más le molesta?
La mentira, las informaciones sin pruebas, la manipulación. Están tirando el mundo del periodismo por los suelos y están saltándose toda regla de ética y de compromiso. Es mi cruz. Lo que estamos viviendo en estos tiempos sobrepasa todo límite.
-¿El toreo se lleva en la sangre?
-Indudablemente, los genes funcionan, y eso es bonito. Gusta ver que la tradición sigue y que el amor a esta profesión no decae, hay muchos hijos de toreros: Cayetano, El Cordobés, el hijo de Palomo, el de Dámaso González, es increíble.