LOS próximos 100 años van a ser tan problemáticos como cualquiera de los pasados, cuando se confiaba en el progreso moral hasta el punto de creer que el ser humano es corregible. El gran Stephen Hawking -ya saben, el sabio plegable- ha acudido a Internet para preguntar cómo puede nuestra especie sobrevivir «en un mundo que es un caos político, social y medioambiental». Buena pregunta. En una semana le han contestado 25.000 personas. Han hecho bien. Si tienen la respuesta sería sumamente egoísta guardárselas para ellos solos.
Pasar por el mundo sin empeorarlo es ya una hazaña, pero intentar con todas nuestras fuerzas o con parte de ellas que sea un lugar menos inhóspito, pertenece al género heroico. Algunos científicos y artistas han contribuido a mejorarlo aumentando el exiguo caudal del consuelo. Otros han buscado distintas vías, por ejemplo afiliándose a un partido político que a su juicio tiene la receta de la felicidad colectiva, en contra de otro partido, que en su criterio carece completamente de ella. Son personas a las que no les basta ser decentes, tener sentido común y no hacer daño a nadie. La verdad es que encontrar la fórmula para conseguir que los terrícolas estén contentos no debe de ser fácil. Al menos hasta ahora se les ha venido ocultando. Nadie ignora que todo sería menos malo si fuésemos capaces de derrotar a esos tres tercos enemigos que son la crueldad, la ignorancia y la miseria. Supondría un auténtico cambio climático moral.
No se sabe si al autor de 'Breve historia del tiempo' le va a dar tiempo para solucionar el problema. De momento, el eminente científico está pidiendo ideas. No se resigna a que lo único que sepamos sea eso de que «los hombres se mueren y no son felices». Los sabios también preguntan.