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Domingo, 16 de julio de 2006
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AUDIENCIA
CONTRAPORTADA
CONTRAPORTADA
Sancho Panza sabe a ajo
El bejarano Firo Vázquez presenta un Don Quijote comestible, en papel de trigo y maíz, con profusión de sabores salados y dulces
Sancho Panza sabe a ajo
Firo Vázquez parte con las manos una hoja de 'su' Quijote antes de llevársela a la boca. / EL NORTE
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El Quijote se come. Es un sabroso manjar que, en la mesa, no se indigesta. En papel de maíz o de trigo, con tinta de calamar y colorantes como el pimentón, la cúrcuma o algunas hierbas, el cocinero de origen bejarano y afincado en Moratalla (Murcia), Firo Vázquez, ha logrado que la obra más universal del español gane adeptos por el estómago. Puede sonar irreverente. Nada más lejos del sentido común tratándose del libro que cuenta las aventuras y desventuras de un caballero que olvidaba los apetitos terrenales y alimentaba su espíritu con novelas de caballería.

«Se coge la hoja, se rompe y se come. Es un alimento y es para disfrutar y comer». El traductor de El Quijote al lenguaje culinario anima a abrir boca. Hay capítulos del hidalgo de la Mancha, que era pura mojama, que saben y huelen a salazón de pescado. Sancho Panza, a ajo, a cocido y a escabechados del pueblo llano, y la amada Dulcinea a vainilla y almendra, melosa a ojos del caballero, pero algo basta como toda contundente moza rústica de la época. El capítulo del ataque a los molinos de viento quema en la boca. «Porque a Don Quijote, ahí, le dieron caña», justifica Firo Vázquez, ante una 'edición' salida de su cocina y encuadernada con ramas de canela y regaliz.

El cocinero-editor de este peculiar Quijote ha llevado dos libros a Pekín. Uno para comer en la sede del Instituto Cervantes y otro para los Príncipes de Asturias, con destino a la Biblioteca Nacional. El rígido protocolo de la Casa Real impidió a Don Felipe y Doña Letizia probar a qué sabe el Quijote. «Les he pedido audiencia», comentaba, ayer, algo desmoralizado Vázquez, tras el fracaso de su empresa. «Nos hemos comido ya tres. Uno en Alcalá de Henares, otro en Londres y otro en Lyon», rememora el autor de esta versión quijotesca, que tarda quince días en elaborar cada libro. Una obra con fecha de caducidad.

Este restaurador ofrece en su local murciano la posibilidad de saborear el Quijote en un menú degustación en el que entrevera páginas y platos con enjundia. El bejarano al mando de los fogones asegura que los comensales dejan mesa y mantel saciados.

Quijotadas y sanchadas

El Quijote de Firo surge gracias al espoleo mental de un concurso que promovió la Fundación Arte y Gastronomía para conmemorar el aniversario de la obra de Cervantes. «Presenté una quijotada y tres sanchadas», apunta. La quijotada era el libro. Las sanchadas, un tasajo de chato murciano (carne de cerdo secada entre vendas), un hatillo de hojas de parra con arroz de calasparra y un queso tronchón en escabeche. Platos que no se ha planteado llevar a Pekín por temor a la aduana. «Es que en la frontera me capan», señala este cocinero.

Firo Vázquez ha emulado al protagonista de su cocina hasta en la presentación de su obra. Ayer, los guardaespaldas de los príncipes españoles truncaron su sueño. El día de la presentación oficial, la actualidad informativa. Fue el 7 de julio del año pasado. «El día de las bombas de Londres y, claro, nadie me hizo ni caso», lamenta el cocinero, que hoy podrá sacarse la espina con una conferencia degustación en la sede del Instituto Cervantes de Pekín.



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