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Lunes, 10 de julio de 2006
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SALAMANCA
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Los dos mundos de Abida
Los niños saharauis que pasan el verano en Castilla y León se han de enfrentar cada año al tremendo contraste entre formas de vida radicalmente diferentes
Se llama Abida, tiene 12 años y su mundo está a punto de cambiar. Ha pasado los últimos cinco veranos acogida por una familia salmantina gracias al programa 'Vacaciones en Paz' de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, pero le ha llegado la edad de no volver más. Esta será en principio su última posibilidad de viajar hasta el otro lado, el mundo occidental, donde desde su primera visita ha tomado contacto con una realidad diametralmente opuesta de la que vive a diario en los campamentos de refugiados de Tinduf.

La primera casa de Abida está en la 'wilaya' de Ausserd. Hasta que las lluvias torrenciales del invierno arrasaron con todo, vivía en una pequeña construcción de adobe en la que con mucho esfuerzo, y con la ayuda de su «familia de Salamanca», sus padres fueron levantando algo parecido a una vivienda, con un salón para estancias, una cocina y habitaciones para dormir. Las tormentas hicieron que durante meses la pequeña y su familia tuvieran que volver a los rigores de vivir en una tienda de campaña, en una 'haima'.

La segunda casa está en Salamanca, a pocos kilómetros de la capital en una urbanización conocida como 'Las Bizarricas'. En ella pasa los veranos en compañía de una familia salmantina que la considera una hija más. De hecho, Abida llama indistintamente «papá» a su padre biológico que deja en el Sáhara y a Joaquín, su padre salmantino. Esta segunda familia es una de tantas de la clase media de la región, sin embargo, los pequeñas comodidades de su vida doméstica se antojan auténticos lujos a los ojos de la pequeña saharaui.

Darse un baño en una piscina, disfrutar de la sombra en el jardín, pasear en bicicleta, tumbarse en un sofá a ver la televisión, ir de excursión a la sierra o disfrutar de una dieta rica y variada son aspectos que están muy fuera del alcance de lo que su familia puede ofrecerle el resto del año en el inhóspito desierto argelino, en la inmensa y negra 'hammada'.

En su tienda en Ausserd, Abida sabe, por lo menos sabía antes de las tormentas de febrero, qué es ver la televisión. La energía la suministra una placa solar que apenas permite disfrutar de una hora diaria de recepción. Es una diferencia en lo accesorio que se va agigantando al hablar de las cuestiones que para una familia española son indispensables: las noches transcurren con el único punto de luz de una barra fluorescente, no hay agua corriente y la cocina es un pequeño cuarto con lumbre. El cariño que Abida demuestra por el perro de la familia es otro de esos pequeños detalles que encierra una gran significación. En su país apenas hay animales domésticos porque no hay con qué alimentarlos.

Un deseo

La pequeña está desde el 28 de junio con su segunda familia y afirma que no quiere hacer «nada especial, solamente estar juntos otra vez». También, a pesar de las comodidades y del cariño que recibe, reconoce que echa «mucho» de menos a sus padres e incluso a su campamento.

Sus ojos inteligentes son capaces de reconocer la abismal diferencia que existe entre un mundo y otro, y, sin embargo, asegura que la mayor parte de estos objetos sin los que la vida se antoja imposible en Europa a ella no le serviría «para nada» en el desierto. Por eso, no lo echan en falta cuando vuelve a su rutina.

La lucidez y la alegría de Abida es simplemente una de la treintena de historias similares que estos días se pueden encontrar en Salamanca, contadas por los niños que participan en 'Vacaciones en paz'. Permanecerán en la ciudad hasta agosto. Hasta entonces, sus familias de acogida tienen una misión fundamental, que los niños sean felices a pesar de todo.



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