La Hospitalidad Nuestra Señora de Lourdes en Palencia espera que más de 400 palentinos participen del 2 al 6 de agosto en la vigésima peregrinación diocesana con enfermos al santuario francés. El plazo para realizar las inscripciones para el viaje finalizará el próximo sábado, día 15 de julio, y cuando quedan solo unos días para el cierre de las listas, ya son más de 300 personas las que se han apuntado. Los organizadores confían en que se llegue a las 400. «Aunque hayamos fijado una fecha máxima para apuntarse, si alguna persona que esté interesada en acompañarnos en el viaje viene unos días después del día 15 no va a tener ningún problema», señala Cristina Domínguez, secretaria de la Hospitalidad.
Los participantes, entre los que se incluyen un grupo de cerca de 70 enfermos, 120 voluntarios y más de 200 peregrinos, saldrán de la estación de autobuses de Palencia el 2 de agosto en nueve autocares, uno de ellos dotado de rampa para facilitar el acceso y traslado de los enfermos y en el que viajará personal médico para garantizarles un buen viaje. «Los familiares de los enfermos que quieran participar en la peregrinación solo tienen que preocuparse de llevarlos a la estación el día de la salida y de ir a recogerlos el día que llegamos, porque nosotros nos ocupamos de ellos durante los cinco días que dura el viaje», asegura Montse Herrero, vicepresidenta de la Hospitalidad.
Los voluntarios y peregrinos se alojan en seis hoteles y dos albergues, mientras que los enfermos se hospedan en una residencia donde pueden atenderles de sus dolencias o problemas físicos. Por su parte, los jóvenes que acuden como voluntarios se quedan en la Casa de la Hospitalidad, un edificio que alquilan durante los cinco días que dura su estancia en Lourdes. «La dinámica que seguimos en la casa en la que nos quedamos es parecida a la de un campamento. Nosotros nos encargamos de hacer todas las tareas necesarias, como la comida o las labores de limpieza. Nos organizamos como si fuéramos una gran familia», afirma Roberto Calaveras, voluntario y principal responsable de los jóvenes que viajan en la peregrinación.
Uno de los éxitos de la peregrinación reside en la buena publicidad que hacen de ella los participantes que años tras año dedican cinco días de su vida a los demás. Ellos son los encargados de animar a familiares y amigos para que el número de peregrinos aumente año tras año. «Normalmente el que va repite, y además suele volver acompañado de gente nueva», asegura Roberto Calaveras, uno de los voluntarios de la Hospitalidad. «Yo fui el año pasado como voluntaria por primera vez y este año he animado a seis amigas para que participen en esta experiencia tan enriquecedora», añade Blanca Bregel.
Experiencia única
Todos los que han participado otros años en la actividad aseguran que lo que sienten en su estancia en Lourdes es indescriptible. «No se puede explicar lo que se siente allí, eso solo se descubre cuando se viaja en peregrinación y participas de la convivencia y en todos los actos que se organizan. Cada año, cuando volvemos, contamos los días que quedan para volver al año siguiente», señala Ana María Calvo, que ya ha participado en la peregrinación durante trece años.
La visión tan positiva que aportan los peregrinos y voluntarios que acuden a Lourdes se ve reforzada por los buenos recuerdos y agradecimientos que los enfermos dedican a los voluntarios que les cuidan durante los cinco días de su estancia en el santuario.
María Ángeles Domínguez, enferma de esclerosis múltiple, acudió en peregrinación hace cinco años y, animada por los buenos recuerdos, ha decidido volver este año. «En el 2001, cuando viajé a Lourdes por primera vez, iba en silla de ruedas y el voluntario que se ocupaba de mí se portó muy bien conmigo, no me descuidó en ningún momento», asegura María Ángeles, entusiasmada con la idea de volver a Lourdes.
Las actividades principales que los peregrinos, voluntarios y enfermos realizan en Lourdes son la organización de actos litúrgicos y de actividades lúdicas, en las que se estrechan lazos entre los participantes. «Los jóvenes solemos organizar fiestas en las que preparamos juegos para divertirnos, aunque intentamos dar sentido a todas las actividades dotándolas de un trasfondo religioso, de alguna enseñanza que pueda servir a los chicos en su vida cotidiana», afirma Roberto Calaveras.