Alguien tuvo el acierto de comparar a Bob Dylan con Pablo Picasso. En sus respectivas disciplinas, ambos tomaron el legado de los clásicos para transformarlo en un nuevo lenguaje creativo. Dylan escuchó toda la música tradicional americana y a sus grandes protagonistas como Woody Guthrie, Pete Seeger o Robert Johnson y a partir de ellos creó un repertorio que se convirtió en la piedra angular del rock y de la música popular urbana, a los que dotó inteligencia, poesía y conciencia.
Pero que el legado de Dylan sea inmenso e incomprable, no significa que forme parte del pasado, sino que sigue vivo y evolucionando, tal y como demostró anoche en un polideportivo Pisuerga repleto de espectadores. El Maestro apareció con su sombrero vaquero y acompañado por cinco músicos dispuestos en el escenario entorno a él, mirando constantemente cada uno de sus gestos y permaneciendo atentos a sus improvisaciones, ya fueran con su teclado o su armónica.
El concierto comenzó con su "Maggie's Farm" que sirvió como prueba de sonido para que todos los musicos calibraran sus instrumentos para continuar con una hermosa revisión de "The times they are a-changin'", "Down along the cove" y "Lay Lady lay", a la que siguieron una magistral visión de "It's Alright, Ma (I'm Only Bleeding)" y "Don't think twice it's allright". En el repertorio aparecieron además una vigorosa "Highway 61 Revisited", el tema "Tweeedle dee and tweedle dum" de su último álbum "Love and theft", y una acertada relectura con aires setenteros del "Forever Young" que se convirtió en uno de los momentos más emocionantes de la noche.
El concierto se cerró con una casi irreconicble "Mr. Tambourine Man" y "Summer Days", para dar lugar a los bises. Éstos se abrieron con un espectacular "Like a Rolling stone", con un público totalmente entregado coreando el tema y a lo largo del cual se pudo ver a un Dylan sonriente, algo difícil de ver en un artista con fama de arisco, tradicionalmente hierático y poco o nada comunicativo con el público. Tras dar las gracias al público, presentar a toda su banda e interpretar de forma contundente "All along the watchtower", Dylan se despidió del público vallisoletano flanqueado por sus músicos y con los brazos en alto en señal de victoria, sabedor de haber impartido a sus sesenta y cinco primaveras una nueva lección magistral.