La circulación de retorno venoso en las piernas tiene un sistema superficial y otro profundo, comunicados mediante venas perforantes. Las venas profundas tienen, además, un sistema de válvulas que evita el retorno pasivo de la sangre. Ese sistema, junto a la acción de los músculos que al contraerse comprimen las venas y favorecen la circulación sanguínea, permite que la sangre suba hacia el corazón y contra la gravedad. Hacia el muslo, el sistema venoso superficial y el profundo tienden a confluir para dirigir la sangre hacia la vena cava inferior a través de las venas ilíacas.
La sangre contiene una pequeña cantidad de los líquidos corporales; además, hay otra cierta cantidad entre los tejidos -o líquido intersticial-. Dentro del territorio vascular, los líquidos son retenidos gracias a que la pared de los vasos tiene una permeabilidad limitada y permite solo el paso de ciertas sustancias o moléculas -habitualmente pequeñas, de menor tamaño que la albúmina-. Por otro lado, las proteínas sanguíneas, especialmente la albúmina, también ejercen un cierto poder de atracción sobre ese líquido y generan una presión denominada oncótica. Pero toda esa capacidad para retener líquidos dentro del sistema vascular, gracias a la permeabilidad selectiva y a la presión oncótica, es limitada. Cuando la cantidad de líquido o la presión a la que circula dentro del sistema venoso son excesivas, el sistema vascular comienza a exudar líquido. Ese límite viene determinado por la presión conocida como hidrostática. La diferencia entre la presión hidrostática y la oncótica es que la primera tiene una base física -por un juego de presiones- y la segunda, química -por la presencia de proteínas-.
La hinchazón en las piernas suele deberse a una salida de líquido de las venas hacia el espacio intersticial. Por ejemplo, por el aumento de la permeabilidad de la pared de la vena, que provoca esa salida de líquido. La pérdida de la permeabilidad selectiva viene ocasionada por la presencia de sustancias o mediadores inflamatorios y en algunas ocasiones por la acción de determinadas moléculas químicas.
La disminución en el contenido de proteínas en la sangre da lugar a un descenso en la presión oncótica, es decir, en la capacidad del sistema vascular para retener líquidos. Ello puede ser debido a una ingesta pobre -como sucede en los estados de desnutrición o consumo crónico de tóxicos-, a un ritmo de producción insuficiente (teniendo en cuenta que las proteínas son fabricadas en el hígado), al consumo elevado, como sucede en determinadas enfermedades y procesos, sobre todo inflamatorios, o a una pérdida de proteínas por vía urinaria, por enfermedades renales o digestivas (procesos malabsortivos o inflamatorios intestinales).
La retención de líquidos en todo el organismo también redunda en un incremento de la presión hidrostática a nivel vascular, con la consiguiente aparición de esa hinchazón. Esa retención de líquidos se produce cuando uno de los sistemas depurativos fundamentales del cuerpo humano -el riñón- no funciona correctamente, ya que además es el encargado de gestionar y manejar los balances de líquidos.
Primeros síntomas
La forma más común en que se manifesta una hinchazón en las piernas es la simétrica, es decir, aquella que presenta la misma evolución en las dos extremidades. Habitualmente no suele notarse por la mañana, pero aumenta a lo largo del día. Casi siempre es más intensa por la tarde, debido al efecto de la posición sobre el retorno venoso. Ese retorno siempre viene facilitado cuando se está acostado. De hecho, es habitual que la inflamación se reduzca a la hora de descansar, sobre todo si se levantan las piernas.
La hinchazón suele ser muy blanda, por eso, si la apretamos con las manos deja fácilmente huella. De hecho, es habitual que se perciba inicialmente por la marca que dejan los zapatos o los calcetines. Si la compresión externa se reparte por todo este perímetro, además de dejar huella suele favorecer el retorno del líquido hacia el sistema vascular, con lo cual mejora.
En ocasiones, aparece en una sola pierna. Ello puede venir determinado por la acción de algún factor solo sobre el retorno o por la capacidad de retener líquidos en el sistema vascular de una extremidad.
Por otro lado, hay un tipo de edema que no mejora con los cambios de posición y que incluso tiende a estar presente desde la mañana. Se denomina edema linfático y puede ser producido por un fallo el sistema linfático.