Un grupo de unos 300 trabajadores de la empresa de electrodomésticos Braun, filial de la multinacional estadounidense Procter&Gamble, retuvieron ayer en las oficinas de la compañía a las afueras de Barcelona a varios directivos y dos abogados de la empresa, con el fin de protestar por las indemnizaciones ofrecidas por la dirección a cambio de los despidos y el cierre de la factoría. Los empleados anunciaron que mantendrán su postura hasta que la empresa ofrezca mejores indemnizaciones y convocaron una huelga para hoy y una manifestación por el centro de la ciudad condal.
Braun emplea en su única planta española de Esplugues de Llobregat (Barcelona) a más de 700 trabajadores y ha decidido cerrar las instalaciones en el 2008 para trasladarlas a algún país del Este de Europa o a China. Aunque la dirección de la empresa, que pertenece al Grupo Gilette de Procter&Gamble, prometió la recolocación para un grupo de empleados, los sindicatos denunciaron los despidos porque, a su juicio, Braun no atraviesa por problemas económicos. Ahora tratan de conseguir indemnizaciones adecuadas para los que se quedarán en la calle.
La retención de directivos y abogados (del bufete Garrigues) empezó cuando acabó la reunión negociadora con el comité de empresa. En un primer momento, seis policías nacionales lograron introducirse en la oficina de la factoría donde estaban, pero no consiguieron su objetivo de liberarles ante la firmeza del grupo de trabajadores. Después, los agentes pusieron los hechos en conocimiento del juzgado e intentaron negociar con los empleados para que el grupo más radicalizado depusiera su actitud.
Acción «espontánea»
Fuentes sindicales argumentaron que la acción fue «espontánea». Explicaron que a los trabajadores del turno de mañana que llevaron a cabo la retención se les unieron buena parte del turno de tarde y empleados de las oficinas.
Miembros del comité de empresa comunicaron a la policía que la situación no estaba sus «manos» y opinaron que la fábrica, cuyas secciones de montaje estuvieron totalmente paradas, es ahora «una olla hirviendo».
Algunos sindicalistas negaron que los trabajadores hubieran impedido la salida de directivos y abogados, y afirmaron que a las puertas de la sala de reunión solo se concentró un pequeño grupo de empleados que protestaron contre los planes de Braun pero no coaccionaron ni ejercieron violencia contra nadie.