¿Qué me dirían si les planteo viajar 170 kilómetros para optar a una de las 50 plazas de empleo público fijo entre 1.500 personas? Posiblemente, que cuando menos hay que tener realmente fe en uno mismo. Los pasados 9 y 10 de junio se celebró en Medina del Campo el segundo examen de personal de servicios de la Junta de Castilla y León. El puesto consiste básicamente en limpieza de habitaciones, labores de comedor, lavandería y demás. ¿Cómo una Administración que nace a partir del principio de igualdad puede ser tan injusta? Díganme si no cómo le llaman ustedes a realizar una misma prueba eliminatoria en dos días diferentes sobre una pequeñísima parte del temario. Imaginen que llegan el primer día de convocatoria sin saber absolutamente nada de lo que allí va a acontecer, y por otro lado, llegar el día siguiente cuando todo el mundo sabe en qué consiste la prueba y se ha preparado a conciencia sobre ella. El que se examinó el segundo día tiene una considerable ventaja. 1.500 personas bajo un sol de justicia mendigando un puesto de trabajo en mitad de la nada (un castillo medieval en lo alto de una población castellana), sin saber cómo se puntúa. Dieciocho personas a un tiempo cogiendo de mesas los productos que nos han ordenado servir (en eso consistió el examen), sin sitio para todos. No pedimos que se nos regale nada, solo que nos traten con dignidad. Un sufrido opositor.
Enrique A. Fonseca Porras