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El viejo colegio San Juan de la Cruz se ha convertido en refugio de indigentes
El Ayuntamiento y los vecinos de La Rondilla llevan siete años discutiendo sobre el futuro uso del solar La policía desalojó el lunes a dos individuos cuando intentaban llevarse chatarra del colegio abandonado
El viejo colegio San Juan de la Cruz se ha convertido en refugio de indigentes
Marcos de aluminio arrancados en la primera planta y el último radiador de las instalaciones. / J. S.
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CRONOLOGÍA
Septiembre de 1999

La falta de alumnos lleva a Educación a decidir el cierre del colegio San Juan de la Cruz de la calle Cardenal Torquemada, en La Rondilla.

11 de octubre del 2001

Un proyecto municipal prevé la construcción de un aparcamiento subterráneo de 300 plazas en el subsuelo del viejo centro escolar y de un centro de día para mayores -propuesta acogida con satisfacción por la asociación vecinal-.

21 de febrero del 2003

Los vecinos acusan al Ayuntamiento de incumplir su promesa tras enterarse de que Sacyl había pedido usar el inmueble para abrir el centro de salud de San Pablo.

29 de noviembre del 2003

Primera protesta vecinal frente al centro escolar para reclamar la construcción del aparcamiento.

8 de junio del 2004

El Consistorio rechaza el proyecto de centro de salud de Sacyl.

25 de octubre del 2004

El Ayuntamiento tapia puertas y ventanas para evitar la entrada de indigentes y jóvenes al interior.

11 de marzo del 2005

El Consistorio ofrece el suelo para albergar una superficie comercial.

2 de abril del 2005

Nuevas protestas vecinales para pedir el aparcamiento subterráneo y el centro de día. Las movilizaciones continuaron hasta fin de año.

8 de junio del 2005

Primer incendio en un aula usada de habitación por indigentes.

27 de octubre del 2005

Segundo incendio en el edificio.

9 de junio del 2006

Tercer fuego en una habitación ocupada de nuevo por indigentes.


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El antiguo grupo escolar San Juan de la Cruz de la calle Cardenal Torquemada, frente al Río Hortega, continúa su imparable carrera hacia la ruina después de siete años de tiras y aflojas entre el Ayuntamiento y los vecinos. Unos por otros y el colegio sin barrer, tanto que las instalaciones acogen ahora un uso muy distinto al educativo que tuvo un buen día después de que indigentes y toxicómanos hayan forzado la puerta principal para campar a sus anchas por las destartaladas aulas y pasillos del desmejorado centro.

Las lúgubres estancias del viejo templo del saber juvenil son ahora un estercolero de consecuencias imprevisibles -léase plagas, infecciones,...- que ha superado en el último año tres incendios, alguno de ellos intencionado, en unas clases en las que los colchones sustituyen a los pupitres.

El fuego ha conseguido que el negro sea el color predominante en un inmueble de dos plantas en el que cuesta encontrar un cristal entero, un marco de las ventanas e, incluso, un radiador. El único foco de calor que quedaba se lo intentaron llevar dos individuos el lunes por la mañana cuando fueron sorprendidos y echados del centro escolar por la Policía Local.

Los vecinos recuerdan que han pasado menos de dos años desde que el titular del edificio, es decir, el Ayuntamiento, tapió puertas y ventanas para evitar que el colegio se convirtiera en una alternativa al albergue municipal de García Morato. 21 meses después de aquello, la acumulación de colchones, ropa y toda suerte de enseres dicen más bien lo contrario.

Las pintadas en las paredes y en las escasas pizarras que permanecen en el colegio dan fe también del uso compartido de un bloque que se cae literalmente a cachos en el que conviven indigentes, chatarreros y jóvenes decididos a no dejar un rincón sin estampar sus trabajadas rúbricas.

La ausencia de una decisión firme sobre el futuro del centro educativo de La Rondilla ha condenado al San Juan de la Cruz a desaparecer del paisaje urbano de la entrada principal del barrio desde la Rondilla de Santa Teresa. Poco o nada se podrá hacer con un edificio chamuscado que en unos meses ni se tendrá en pie para poner fin, al menos, a la polémica sobre si se conserva o no.

Menos claro que el aparentemente necesario derribo del inmueble está aún el futuro uso del solar sobre el que se levanta. Los vecinos, que ya paralizaron la intención de Sacyl de instalar allí un ambulatorio, tienen claro que tampoco quieren un centro comercial, como propuso el Consistorio en su última intentona, y su propuesta de construir un aparcamiento subterráneo de 300 plazas para descongestionar el entorno, además de levantar un centro de día para mayores, sigue en la mente de la asociación que representa los intereses del barrio.

Entre tanto, la puerta principal del San Juan de la Cruz sigue abierta de par en par para prorrogar unas semanas más, quizá años, el uso extraescolar que jamás hubieran querido darle los promotores del centro educativo.

Los vecinos del entorno advierten, además, del «peligro constante de que se produzca un accidente si algún niño entra al edificio o de que alguno de los constantes incendios que se producen en su interior acaben por provocar un siniestro mucho grave en las viviendas colindantes».

Eso sí, los comerciantes y residentes de la zona coinciden en señalar que los sustitutos de los antiguos alumnos del colegio no «han causado grandes problemas hasta ahora». Solo algunos robos menores en el improvisado aparcamiento en el que se ha convertido el viejo patio de recreo -atestado de coches, como todas las calles de alrededor y el barrio en general- han sobresaltado la paz de los testigos del imparable proceso de ruina del centro escolar.

Nadie, a buen seguro, volverá a pisar el suelo pulido que un día tuvieron las aulas y despachos que acogieron a profesores y alumnos hasta su cierre definitivo en 1999.



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