En el mismo instante en que te dispones a leer estas líneas es casi seguro que varias personas estén echando un vistazo a los anuncios por palabras de la sección de Clasificados, desesperándose al comprobar que ninguna de las ofertas de pisos que publicitan particulares y agencias inmobiliarias se ajusta a su bolsillo. Los precios de la vivienda están por las nubes, incluso en capitales pequeñas como la palentina, y los contratos laborales son precarios. Ante esta situación, no es de extrañar que los jóvenes se emancipen cada vez más tarde y que sigan viviendo con su familia hasta los 30 años. Tampoco sorprende que muchos decidan establecer la casa de sus sueños en el medio rural, más tranquilo y barato.
Es el caso de Elisa Cerrillo -enfermera de 31 años-, y de Manuel Calvo -ingeniero agrícola de 28 años-. Vivían en un piso de alquiler en Palencia, pero no les acababa de convencer. Tenían claro que la opción más rentable y adecuada a su modo de vida era una casa en un pueblo cercano a la capital. Visitaron Torremormojón, Pedraza de Campos y Capillas, entre otros, pero fue finalmente Villatoquite -una de las cinco localidades que conforman el Ayuntamiento de Valle de Retortillo- el lugar elegido. «Compramos la casa en enero y, tras varias reformas, vinimos a vivir en mayo. La casa es amplia, no hay problemas de espacio como en un piso. Podemos tener un jardín o un merendero donde celebrar reuniones con los amigos sin molestar a nadie, sin estar pendientes de ruidos o quejas», señala Elisa, mientras muestra la habitación que están preparando para acoger un niño saharahui este verano.
La pareja no duda en ensalzar las ventajas de residir en el medio rural y anima a otros jóvenes a seguir su ejemplo. «Vives sin prisas, tranquilo y relajado. Hay servicio de autobús, médico y vendedores ambulantes. Y si quieres otras ofertas lúdicas o culturales dispones del coche para plantarte en Palencia en apenas veinte minutos», agrega la enfermera.
Por todo, aseguran que su instalación en Villatoquite no podía haber sido mejor, y reconocen que los vecinos, especialmente Nicolás e Isidora, han contribuido a ello notablemente. «Casi todos los vecinos son personas mayores que están encantados de que vengan jóvenes como nosotros, que se esfuerzan para acogerte con los brazos abiertos y ayudarte en todo lo que puedan», explica.