El aumento de la edad mínima para conducir un ciclomotor -de 14 a 16 años-, sumado a la necesidad de un examen para obtener la licencia, disgustará sin duda a los directamente afectados pero será bien recibido por los padres y por una sociedad que percibe estos vehículos y la facilidad con la que ahora se accede a conducirlos como un peligro para la vida de los chavales y un elemento a menudo perturbador de la circulación. En vísperas de la puesta en marcha del carné por puntos, la seguridad vial se convierte en una prioridad que exige el compromiso de todos.