EN vísperas del comienzo del Tour, la principal prueba ciclista del año se ha visto salpicada por el escándalo de dopaje descubierto por la Guardia Civil, cuyas ramificaciones, particularmente dañinas en España, se extienden también a deportistas de otros países. Tras las detenciones practicadas en el marco de la 'operación Puerto', en la que se señala a los directivos deportivos José Ignacio Labarta y Manolo Saiz como clientes de los costosos 'tratamientos' -en torno a los 40.000 euros anuales- de los doctores Fuentes y Merino, la organización del Tour ha dejado fuera a los equipos gestionados por Labarta y Saiz: el Comunidad Valenciana y el Astaná-Wurth, hasta hace poco Liberty Seguros, que ha recurrido la decisión. La sombra del dopaje organizado desde España afecta incluso a la participación del alemán Ullrich en la carrera francesa, en duda por el sumario abierto, sin descartar implicaciones de participantes en el Giro o de deportistas de otras disciplinas. Y nada hay que objetar a la tolerancia cero con quienes provocan el fraude en el deporte y además facilitan el consumo de sustancias prohibidas y tan peligrosas para el deportista como anabolizantes, hormonas de crecimiento y EPO.
Si hace unos años el Tour y el Giro fueron salpicados por el escándalo, ahora le ha tocado a España, pero con una dosis superior de amargura, pues no se trata de una vulneración del juego limpio por parte de unos cuantos corredores sin escrúpulos pero aislados, sino de una auténtica red organizada con una influencia, muy probablemente, extendida a otros ámbitos deportivos. Estos sucesos van a abocar al ciclismo español a una dura y necesaria catarsis, pero este desastre deportivo puede superarse con dignidad haciendo valer la honradez y capacidad de sacrificio de la mayoría de los corredores. Por ello no son muy afortunadas reacciones como la de la Asociación de Ciclistas que el fin de semana se negó a celebrar el Campeonato de España, en un gesto contradictorio de quienes dicen sentirse víctimas de una acusación generalizada y, a la vez, pretenden comprometerse a erradicar cualquier rastro de dopaje. El ciclismo como deporte, sus profesionales y, sobre todo, su afición merecen el rápido esclarecimiento de los hechos y que se aparte a quien no merece estar ahí. Después queda el esfuerzo de convencer de que en el deporte profesional es importante ganar, pero no al precio de acabar con el espíritu de la competición y poner en riesgo la salud de sus participantes.
Acuerdo entre palestinos
El Movimiento de la Resistencia Islámica -Hamás- ha necesitado veinte años desde su creación para aceptar la existencia del Estado de Israel, pero finalmente acaba de hacerlo -aunque de modo implícito- en el contexto de una tensa y delicada negociación con Al-Fatah. El acuerdo ha sido posible al llegar los dos grandes partidos a un consenso sobre los puntos del Documento de Reconciliación Nacional, más conocido como 'plan de los Prisioneros' por haber sido redactado inicialmente por cinco relevantes presos palestinos que cumplen severas condenas en cárceles israelíes. Este 'reconocimiento' de Israel se deriva de que Hamás acepta que su objetivo es la creación de un Estado propio en los territorios perdidos en la Guerra de los Seis Días de 1967 y por tanto limita a esas áreas, Cisjordania principalmente, sus eventuales acciones militares. En el fondo, el texto se adhiere en buena medida a la histórica Iniciativa de Beirut de la Liga Árabe, que en marzo del 2002 ofreció a Israel «completo reconocimiento a cambio de completa evacuación». Hamás ha introducido, eso sí, un párrafo según el cual se entiende que, en adelante, cada acuerdo que se alcance en el proceso de paz lo será en el inequívoco «servicio al pueblo palestino». Una ambigua cláusula de estilo y una precaución formal semejante a las catorce 'reservas' que emitió Israel cuando aceptó la redacción de la Hoja de Ruta .
La lista de acuerdos en la historia del conflicto entre israelíes y palestinos es, desafortunadamente, tan larga como nulos sus efectos. Pero al menos se abre una nueva puerta, por cuanto permite la formación de un Gobierno de unión nacional del que solo se ha excluido Yihad Islámica y, al renunciar al maximalismo, dota al campo palestino de un mayor margen de maniobra para negociar, acercándose al criterio sostenido por la comunidad internacional. En cualquier caso, no sería la primera vez en Oriente Próximo que un esperanzador acuerdo es superado por la realidad de los acontecimientos y la tensa situación actual es un pésimo caldo de cultivo para su pervivencia.