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AUDIENCIA
CULTURA
JAVIER PÉREZ GANADOR DEL PREMIO AZORÍN DE NOVELA
«Los leoneses compartimos la afición a escribir con crudeza»
El escritor y economista leonés, con raíces zamoranas, sitúa en la Alemania de los años veinte 'La crin de Damocles', obra con la que se ha dado a conocer
«Los leoneses compartimos la afición a escribir con crudeza»
Javier Pérez Fernández, al recoger el Premio Azorín. / MORELL-EFE
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Acostumbrados a los nombres de personajes famosos que acaparan los premios literarios, este año resultó una auténtica sorpresa que el Azorín recayera en un autor inédito, el leonés Javier Pérez Fernández, de 36 años. Con una novela ambientada en la Alemania prenazi, Pérez, de profesión economista, trata de desvelar las claves que expliquen por qué una nación entera sucumbió a la locura del mal y la barbarie. Con ribetes de novela negra -su protagonista es un comisario, Müller-, Pérez nos lleva por aquel Munich de 1920 que sufría la más increíble inflación que ha contemplado la Historia y donde un joven Adolf Hitler trataba de poner en práctica sus ideas.

-Antes de obtener el Premio Azorín, ¿concurrió a muchas convocatorias?

-Concurrí como a doscientas o trescientas convocatorias, con distinto éxito, como es normal en estos casos. Gané ocho o nueve de relato, una de poesía, un par de ellas de novela corta y hasta una de ensayo con un trabajo sobre economía agraria, pero los premios de novela se me resistían. Fui dos veces finalista del Fernando Lara, una del Felipe Trigo, del Jaén, del Ciudad de Alcalá, y de muchos otros, pero hasta la sorpresa del Azorín seguía inédito y acaparando medallas de plata sin publicación.

-¿Son los premios literarios la única posibilidad en España para un autor inédito?

-Nunca se puede decir que una posibilidad sea la única. Hay algunas otras, desde la buena suerte al enviar un original a una editorial pequeña hasta otros caminos más políticos y tortuosos pero, desde luego, por mi parte, consideré la opción de los concursos como la menos descabellada. Al fin y al cabo, de vez en cuando me daban una satisfacción en alguna parte, y eso anima mucho. Los convocantes de estos premios realizan una labor cultural de una importancia primordial y a menudo no se les valora como es debido.

La espada de la debilidad

-¿Perjudica en algo ese salto a la edición el hecho de vivir en León, lo que antes se conocía por 'provincias'?

-Creo que por un lado sí y por otro no: los centros de poder y de influencia están donde están y no cabe engañarse en ese sentido. Hay mecanismos de promoción a los que se tiene mejor acceso estando donde están los propios mecanismos, y España es un país donde las relaciones personales siempre han primado sobre las institucionales. A eso le llamaban feudalismo en los libros, creo recordar. Pero también es cierto que, desde el punto de vista literario, vivir en un sitio donde te dejan trabajar tranquilo es una ventaja impagable. Vivo en León y la verdad es que no me quejo.

-¿Por qué el título 'La crin de Damocles'?

-En un momento como el que Alemania pasaba en los años veinte, el peligro no era tanto lo que pudiera suceder, que todos lo conocían y lo esperaban, sino lo cerca que estaba siempre el cataclismo final. Una espada colgada del techo por una cadena no supondría peligro alguno para el que la tiene sobre su cabeza: el problema está en la crin, en la debilidad de lo que se opone al desastre. La crin, en ese momento, es el comisario de asuntos políticos, un solo hombre que debe enfrentarse en un momento dado a la vez a los comunistas, los nazis, los separatistas bávaros, las mafias del estraperlo y un extraño delincuente que socava el prestigio policial.

-¿Fue su formación de economista la que hizo en principio que se interesara por la Alemania de los años veinte?

-La verdad es que no. Mi formación de economista me permitió saber cómo había sido posible un desastre que hiciese pasar al dólar de los doce marcos a los cuatro billones, con 'b', en poco meses. Lo que me interesó de veras fue la reacción de todo un país a una locura semejante, porque pensé que cuando el mundo se vuelve loco la gente tiene que portarse de manera acorde con el mundo y reaccionar de una manera similar. Ese aquelarre de la sinrazón fue lo que me llamó la atención.

-En la novela aparece Adolf Hitler tras el intento de un golpe de Estado, ¿no tuvo la tentación de convertirle en protagonista principal?

-La verdad es que no. Adolf Hitler, en 192,3 es un personaje casi marginal que se lanza a acciones demenciales y resulta castigado por ello, y con él su partido, que queda al borde de la desaparición. Lo que me interesa de ese momento es la gente de a pie, y los problemas reales que hacen que, años más tarde, sea posible un auge del nazismo, del comunismo, y de otros totalitarismos. La gente no vota todavía masivamente a Adolf Hitler porque aún creen que puede haber una solución mejor que el gran suicidio de la razón.

Superventas

-Durante años estuvo persiguiendo un premio literario. ¿Ha cambiado tanto su vida como pensaba ahora que lo ha conseguido?

-Pues no mucho. Ahora, además de escribir, tengo que dedicarme a apoyar la promoción de la novela, pero sigo trabajando de comercial en las campañas que surgen. Creo que aunque se diera esa hipótesis en la que pensamos todos los escritores de tener un día un superventas, seguiría haciendo lo mismo, porque el contacto con la vida diaria en el trabajo es una de las cosas que más ayudan a tener algo que decir.

-León se ha caracterizado en las últimas décadas por engendrar un gran número de escritores. ¿Se siente leonés, literariamente hablando?

-Me siento leonés de todas las maneras posibles, sin renunciar nunca a mis raíces zamoranas. Y también como narrador, por supuesto. Los escritores leoneses en general, tal y como yo lo veo, compartimos la afición a escribir con cierta crudeza, y a veces con cierta leve melancolía que no nos atrevemos a dejar suelta del todo por un callado pudor de gente recia. Muchos se reirán cuando lean esto, pero así veo yo la narrativa leonesa.



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