Querido Santiago; hubiera querido hacer una poesía digna de ti, pero me he visto incapaz y por eso te escribo en prosa. Espero que allá donde te encuentres recibas mi carta, escrita con el corazón. Soy la compañera de algunas de las obras de teatro que hicimos en nuestra juventud, y espero saber expresar cómo te veíamos tus compañeros. Eras justo, afable, humano, bueno, sensato, respetuoso; en fin, un caballero. Se te podía calificar como 'el último romántico'. Creo que Dios al verte llegar dirá: «¿He aquí un hombre bueno». Te recordaremos siempre.