«Vicente Escudero nunca hablaba del duende, sino del misterio», acota Julio Fraile, marido de Milagros Sandonís, una de las sobrinas del bailarín. El fotógrafo Man Ray fue quien captó en 1928 la esencia del que era, además de su gran amigo, una de las figuras más importantes de la historia del flamenco. Aquella imagen ha servido ahora de inspiración a los escultores Bustelo, Ostern y Javier Villa en el monumento que desde ayer rinde homenaje a un artista de vanguardia, cosmopolita y multidisciplinar, nacido en pleno corazón del barrio de San Juan.