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Martes, 20 de junio de 2006
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AUDIENCIA
OPINIÓN
EDITORIAL
El rostro del mal
EL juicio por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco sentó ayer en el banquillo de los acusados a Xabier García Gaztelu, 'Txapote', e Irantzu Gallastegi, 'Amaia', señalados por la Fiscalía como autores materiales del horrible crimen. El recuerdo de las angustiosas horas que transcurrieron entre la tarde del 10 de julio de 1997, el descubrimiento de Miguel Ángel gravemente herido y la confirmación de su fallecimiento forma parte de la memoria de una sociedad que reaccionó masivamente, tratando primero de salvar la vida del joven edil del PP en Ermua y condenando después la ignominia etarra. La banda terrorista escenificó la obra más cruel que pudiera haberse ideado, proyectada a través de los medios de comunicación al mundo entero. Cada ciudadano se vio obligado a imaginar, minuto por minuto, la truculencia de un calvario cuyo desenlace final estaba dictado de antemano. La demanda del acercamiento de los presos de ETA a Euskal Herria en un plazo de cuarenta y ocho horas no era más que el subterfugio argumental para un asesinato a plazo fijo.

Hoy, a pocas semanas de que se cumplan nueve años de aquel estremecedor acto, resulta si cabe más difícil de entender cómo unos seres humanos pueden acabar con la vida de un congénere en nombre de supuestos objetivos políticos. Durante décadas el mal del terrorismo ha evitado mostrar su verdadero rostro, imputando a una misión colectiva la responsabilidad de su bárbara actuación. Pero ni siquiera el principio de presunción de inocencia puede evitar que la opinión pública identifique en la actitud y en la mirada de los acusados la incalificable crueldad de quienes pudieron secuestrar y rematar a un ser indefenso. Un incomprensible sectarismo asesino que condiciona la percepción ciudadana del fin de la violencia.

El rostro del mal plantea a la sociedad entera y en especial a las instituciones un dilema moral de indudables consecuencias políticas: hasta qué punto los beneficios penitenciarios que eventualmente pudieran favorecer a los condenados por delitos terroristas, aun ciñéndose a la legalidad vigente, podrían constituir un acto de injusticia respecto a la memoria de víctimas como Miguel Ángel Blanco. La respuesta parece evidente: depende de la actitud que muestren esos mismos condenados; de su disposición a responsabilizarse del mal causado; de que eviten justificar su ominoso pasado y de que reconozcan en las sentencias de los tribunales y en el reproche social que ha merecido su trayectoria de muerte y destrucción la única 'recompensa' que pueden recibir.

Recomponer relaciones

El anuncio realizado ayer por el ministro español de Asuntos Exteriores de que la secretaria de Estado norteamericana visitará España antes de que acabe el año es, sin lugar a dudas, una buena noticia. Que las relaciones entre Madrid y Washington no atravesaban por sus mejores momentos era ya inocultable a la opinión pública, porque a las palabras de pretendida normalidad y simple discrepancia en asuntos puntuales no acompañaban unos gestos que se dilataban -especialmente por parte norteamericana- demasiado. Era ilógico, no ya que la relación entre el presidente Bush y Rodríguez Zapatero fuese sencillamente inexistente, sino que la propia Condoleezza Rice no hubiese pisado suelo español en ninguna de sus visitas a Europa. Ahora parece que el intenso trabajo desplegado durante casi dos años por Miguel Ángel Moratinos para tratar de restañar la desconfianza hacia el Ejecutivo de Zapatero comienza a dar sus frutos.

La entrevista entre Moratinos y Rice era el colofón al encuentro del Consejo España-EE. UU., celebrado estos días en Tampa, en el que por parte española se había hecho un gran esfuerzo de acercamiento para ofrecer pruebas a Washington de que el Gobierno de Zapatero está dispuesto a cooperar en múltiples asuntos de interés común y a dar pequeños pasos para mejorar la relación, dejando atrás malentendidos y gestos poco amistosos. Rice ha terminado por apreciar estos esfuerzos y se muestra dispuesta a recomponer sus relaciones con un aliado europeo que le ha «impresionado» ahora por el grado de disposición a hablar incluso sobre cómo apoyar de la mejor manera al Gobierno iraquí. En la relación entre Estados Unidos y España aún hay aspectos importantes que suavizar y que requerirán de nuevos esfuerzos desde la Política Exterior. Pero, en cualquier caso, la visita de Rice puede suponer un importante revulsivo para que se normalice una situación, la no relación entre ambos presidentes, que no debe prolongarse más tiempo.



Vocento