Fotografió el Campo Grande desde su habitación donde pernoctó ayer en Recoletos y presentó esa imagen como ejemplo del tipo de calles y de núcleos urbanos que pretende crear. Richard Rogers (Florencia, 1933) aseguró ayer hallarse «encantado de poder mezclarme con la gente de Valladolid y de poder utilizar vuestros espacios públicos» aseguró minutos después de disfrutar en una cafetería de la Plaza Mayor del espectáculo diario de la vida ciudadana, un aspecto que le apasiona, sobre todo porque en su discurso siempre destaca la importancia de «una relación cercana entre la urbe y sus habitantes» y señala los ejemplos que han utilizado en sus planes para Valladolid: «Barcelona, Venecia, París, que no quiere decir que lo que proponemos haga que Valladolid intente parecerse a Barcelona, a Venecia, a París», puntualizó.
En su opinión, el zurcido sobre la cicatriz de las vías «conseguirá una excelente ciudad, que incrementa la oferta de viviendas, de oficinas, de oferta comercial y de ocio y también de espacios públicos, dándonos la oportunidad de encontrar el equilibrio adecuado entre el peatón y el automóvil», señala. Acepta que le gustaría ver su proyecto «así que nos tendremos que dar prisa», bromea y sonríe, aunque lo que de verdad desea es que sus planes sirvan en el futuro «para convertir a Valladolid en una ciudad de referencia.
Cauto en sus expresiones, prefiere no señalar hacia dónde debe crecer la ciudad y se limita a comentar que «la regeneración se hace siempre desde el centro. Por eso hay que buscar la compactación del centro, y una vez que se disponga de un núcleo compacto puede irse hacia fuera». Afirma que la de Valladolid es la operación urbanística más importante en la que ha participado su equipo «pero lo fundamental será que desaparece una barrera, una cicatriz», asegura.