LOS SERRANO' ha entrado en lo que podríamos llamar 'fase de cameos': cada semana aparece alguien nuevo, para estar un ratito o para quedarse, sea Ana Rosa Quintana o sea Kira Miró, a la que veíamos esta semana en un inquietante papel. El objetivo de estos esfuerzos es transparente: seguir llamando la atención de un público aún numerosísimo (casi cuatro millones de espectadores), pero decreciente. A 'Los Serrano' le está ocurriendo lo mismo que a todas las series que duran demasiado: que la historia se agota, de modo que la acción pasa a descansar exclusivamente sobre los personajes.
Es literalmente imposible prolongar un relato durante cinco, seis, siete temporadas, sin que la historia pierda interés. Todo los relatos empiezan, se anudan y terminan; pero en la tele vemos que los productos de éxito empiezan, se anudan, terminan pero solo un poquito y se pierden en un perpetuo nudo hasta que baja irreparablemente el 'share'. Cuando la narración se sitúa en un mundo exterior a los personajes -una comisaría, un hospital-, la prolongación puede ser beneficiosa, porque el filón narrativo es muy rico; las mejores temporadas de 'Hospital central' o de 'El comisario' vinieron después de la tercera tanda. Pero cuando se trata de comedias corales, de personajes en un escenario doméstico, como ocurre en 'Los Serrano' o en 'Aquí no hay quién viva', el espectador percibe inmediatamente que ya no hay nada más que contar.
Esto es un reproche, sí, pero conviene matizar: la causa del sinsentido narrativo es precisamente el éxito del producto, que mueve a las cadenas a estirarlo 'sine die'. El éxito de las teleseries no se basa tanto en su densidad narrativa como en su capacidad para despertar la implicación afectiva del espectador, para hacer que este tome simpatía a los personajes; mientras eso funcione, la serie podrá continuar incluso si ya no hay historia. El agotamiento afecta a la calidad objetiva del producto, pero no a su rentabilidad. La cuestión es si, a la larga, no afectará también a la calidad de la producción televisiva en general. En 'Siete vidas' lo vieron claro: el relato se había agotado y ya no había nada más que contar, pero tuvieron la excelente idea de recurrir a lo que los americanos llaman 'spin off', una serie hija de la primera. Y se encontraron con la sorpresa de que la hija, 'Aída', mejoraba los logros de la madre. Me pregunto si esto del 'spin off' no sería un buen reto para nuestras productoras. 'Los Serrano' ha creado un mundo del que han salido personajes que ya podrían caminar solos.