El veterano Juanito Oiarzábal (Vitoria, 30-3-1956) es más que una gran figura del montañismo. Conocido por el programa 'Al filo de lo imposible' y por sus innumerables hazañas durante décadas -tiene el récord de ascensiones a 'ochomiles', con 21 cimas, y es el sexto hombre que ha logrado subir a los 14 que existen-, el alpinista vasco guarda en su memoria innumerables capítulos, unos exitosos y otros dramáticos, sobre la pasión de su vida: la montaña. En el K-2 vivió una de sus peores experiencias en el 2004, ya que tras la congelación que sufrió, le tuvieron que amputar los dedos de los pies. Era el año 2004 y su amigo Tente Lagunilla iba detrás de él para lograr la cumbre. En la tarde de ayer estuvo en Palencia para contar esta y otras experiencias.
-¿Qué ha cambiado en el montañismo desde que usted comenzó?
-Llevo 23 años haciendo 'ochomiles', pero toda una vida dedicándome a la montaña y ha cambiado mucho, la mentalidad, los materiales, los equipos, la información, los partes meteorológicos. Hoy en día es mucho más fácil hacer 'ochomilismo' que hace 25 años.
-Ha pasado de ser una actividad para elegidos a hacerse popular...
-La montaña siempre ha sido popular, pero es cierto que nosotros, tanto el programa 'Al filo de lo imposible' como yo mismo, hemos contribuído a que la montaña se conozca más. Nos tenemos que congratular, porque la divulgación que hemos hecho con el programa ha sido importante para que ahora todo el mundo tenga mucho más conocimiento de lo que supone subir una montaña de 8.000 metros. La gente entiende más, sabe que subir hoy en día al Everest es relativamente fácil, porque es una montaña que está muy masificada, pero subir solo a otro 'ochomil' diferente es complicado. El público está adquiriendo conocimientos.
-Usted que tiene el récord de subir 'ochomiles', ¿qué le impulsa a seguir intentándolo?
-No se trata de conseguir récords, sino de disfrutar plenamente de lo que uno hace. Para mí, el mejor escenario posible y donde mejor me encuentro es en el Himalaya y ahí es donde estoy a gusto, me siento cómodo, me adapto muy bien y disfruto. Si no disfrutase, hubiera dejado esta actividad, porque entraña muchos riesgos y uno tiene que tener las cosas totalmente claras. Siempre he sido muy ambicioso a la hora de realizar los proyectos que me he marcado. En este sentido, voy a la montaña porque quiero disfrutar de lo que hago, no para lograr una marca. Afortunadamente, en la montaña no hablamos en esos términos, porque esto no es un deporte competitivo, es diferente a otras disciplinas.
-¿Cuál es su próximo reto?
-Acabo de venir hace un mes de un 'ochomil', tenía el pie mal y tuve que abandonar esa expedición. El 6 de julio partimos para Pakistán con el programa 'Al filo de lo imposible' para hacer una cima de 6.500 metros y meternos por un glaciar, hacer algo diferente. Este año no voy a hacer ningún 'ochomil' y para el año que viene tengo proyectos bonitos, a ver si tengo los pies fortalecidos y puedo intentar subir otra montaña de 8.000.
-Usted, junto con Edurne Pasabán, es de los más conocidos, pero hay otros montañeros españoles que destacan en el mundo del montañismo...
-Sin duda. Antes no era así, pero ya nos hemos equiparado a cualquiera de los países de Europa que tradicionalmente han sido muy alpinos, como Francia, Italia, Alemania, Suiza o Austria. Estamos a su nivel o incluso más altos en todas las disciplinas de montaña, como la escalada deportiva. Quizá en los 'ochomiles' no haya tanta diferencia, porque hay mucha gente que los sube, pero creo que hay que buscar más la calidad que la cantidad. Hay que ser creativos, intentar hacer algo nuevo, porque en los últimos años se están haciendo cosas ya realizadas. Eso está bien en lo personal, pero no aporta al montañismo español grandes cosas. Está bien subir por una ruta clásica, pero hay que buscar rutas de dificultad. A los que están pidiendo paso por detrás hay que exigirles que intenten hacer cosas nuevas.
-Aquí en Palencia también hay mucha tradición alpinista. ¿Tiene mucha relación con montañeros como Tente Lagunilla?
-Sí, con Tente he coincidido en algunas expediciones, sobre todo en el K-2, cuando tuve el accidente. Yo hice cumbre el día antes, él venía por detrás y la última persona a la que vi antes de perderme fue a Tente, antes de llegar al último campo de altura, donde yo ya bajaba congelado. Estuve hablando con él a 8.200 metros. Con Tente tengo amistad y hemos coincidido en varias expediciones.
-Últimamente, Lagunilla no está teniendo suerte, porque no ha hecho cumbre ni en el Makalu ni en el Dhaulagiri...
-Claro, hay unas montañas que son más asequibles que otras. Las condiciones del año y del tiempo te pueden impedir subir. Si el tiempo es malo, por mucho que quieras, no vas a poder subir. Y bastante tienes con aguantar allí un par de meses para intentar subir y venirte de vacío. Pero así es la montaña y así la concebimos nosotros...
-¿Ha estado alguna vez en la Montaña Palentina?
-Sí, en el Espigüete y en el Curavacas, subiendo y haciendo también esquí de montaña, cuando aún no me dedicaba a los 'ochomiles'.
-¿Cuál ha sido su peor momento como alpinista?
-Ha habido muchos, pero yo siempre hablo del Kangchenjunga. No hubo ningún accidente mortal, pero yo lo pasé terriblemente mal bajando de la cumbre. Tuve una dolencia cardiaca, vino una tormenta tremenda y no sé cómo pudimos bajar de allí arriba. Quizá esa vez fue la peor, pero luego ha habido muchas: el accidente que tuve con Antonio Miranda bajando del Everest, en el que él perdió la vida; el que sufrí con José Luis Zuloaga, que también murió y yo tuve lesiones graves; ha habido muchos momentos malos, pero han sido más los buenos.
-A las malas experiencias hay que añadir la del K-2...
-Sí, fue muy negativa. Me congelé el último día, subiendo a la cumbre. Tuve una bajada estrepitosa, muy complicada. Como consecuencia de esa congelación me tuvieron que amputar los diez dedos de los pies. Era la segunda vez que subía esta montaña, la conocía muy bien y quizá arriesgué más de lo previsto. Ahora todo el mundo me pregunta que si hubiera ido, y claro que no. Pero después de visto, todo el mundo es listo. Pero bueno, hicimos cumbre y ahora soy una de las tres personas que ha hecho en dos ocasiones la cumbre del K-2. No le voy a dar más vueltas.
-También es bueno recordar que el montañismo no es tan fácil como a veces se pinta...
-Es fácil o difícil dependiendo de cómo hagas montaña, depende de lo que quieras arriesgar y el grado de compromiso que quieras adquirir... Son muchas cosas. Nosotros abrimos el camino al K-2, pusimos la cuerda y los que vinieron detrás lo tuvieron más fácil. Esta montaña llevaba tres años sin subirse y el reto era ser el primero en abrir el camino y colocar la cuerda.