La clase dirigente catalana y algunos medios afines a las tesis separatistas se han empeñado en trasladar el mensaje perverso de que no se puede ser catalán si no se es nacionalista. Exactamente fue ese el reproche que el socialismo hizo de Jordi Pujol durante años, hasta que el socialismo llegó al poder en Cataluña y puso en marcha una estrategia idéntica, pero más radical a ese proceso de estigmatización del no nacionalista. No hay más responsables de las agresiones al periodista Arcadi Espada, a Mariano Rajoy y a otros líderes populares que los que llevan años -especialmente, los últimos meses- inoculando en la sociedad catalana el enfrentamiento civil y la división ciudadana, con la coartada dialéctica de esa artificial oposición entre España y Cataluña.
Total, nada nuevo, se trata de actos antidemocráticos, cometidos por los que se llenan la boca de agua cuando hablan de democracia, a los que desgraciadamente nos vamos acostumbrando.