El número de habitantes de Castilla y León se redujo en 7.567 personas en el 2005. Un mal dato para esta despoblada y envejecida comunidad. Contener la sangría es una prioridad del Gobierno regional, pero a la baja natalidad se añaden los escasos atractivos de la región para la inmigración. Son las mujeres de origen extranjero las que permiten a otras comunidades un crecimiento vegetativo positivo y esto, no hay muchas dudas al respecto, es así porque las posibilidades de trabajo que ofertan son mayores. No solo es importante incentivar la natalidad y ayudar a las familias, hay que ofrecer oportunidades en el mundo laboral, y este apartado es más complicado de cubrir que contemplar una partida en los Presupuestos.