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Viernes, 16 de junio de 2006
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Pararse un minuto
Anesvad expone en Ávila una colección de fotografías que reflejan la realidad de la explotación infantil
Pararse un minuto
Una de las fotografías de la exposición. / JÓNATHAN MARTÍN
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Solo hace falta un minuto. Solo hay que querer parar ese tiempo y mutar la realidad más cercana para imaginar la posibilidad de haber tenido otra vida en un lugar como el que puede recoger una fotografía. Una imagen que, en tan solo sesenta segundos, puede hacer cambiar inmediatamente la percepción del mundo.

Una realidad que está hoy más cerca gracias al testimonio fotográfico del barcelonés Nicolás Lainez, recogido en la exposición 'La otra cara del paraíso' organizada por la oenegé Anesvad y en la que una mezcla de dulzura y amargura duerme entre la imagen y la letra.

El trabajo de Lainez grita a la cara de aquellos que visitan a exposición que la explotación infantil existe; que hay lugares donde niñas menores de doce años salen cada noche para prostituirse por obligación. Es el precio que tienen que pagar por haber nacido en la parte pobre del planeta, en el sudeste asiático.

Pero la obra de este fotógrafo intenta dar la cara amable a esta realidad tan amarga. Un ejemplo es una fotografía de una niña maquillándose. Bajo la imagen, un texto explica que se acicala antes de reunirse con dos o tres hombres esa noche. Otra fotografía, por ejemplo, presenta a un grupo de niños riendo -como en cualquier patio de colegio- o a una jovencita leyendo un libro. A esta última le acompaña una explicación: «la formación educativa es el modo de evitar que caigan en las redes de la prostitución».

La mayoría de las ilustraciones son de mujeres, porque ellas son las que padecen los mayores efectos de la pobreza, el consumismo o la desigualdad.

La intención de la organización es llamar la atención sobre ello pero no de una manera agresiva ya que no siempre el dolor puede modificar las conciencias; Anesvad cree que allanando el camino con algo lindo se pueden alcanzar mayores efectos. Conseguirlo o no depende de cada uno, pero intentarlo debe ser siempre el primer paso.

Por eso, la oenegé ha elegido el vestíbulo del aulario de la Universidad de Salamanca en Ávila para acoger esta exposición, que se cierra hoy. Pretende impactar sobre los pensamientos de los estudiantes, como los protagonistas del futuro que son y por tanto, los que tienen en su mano cambiar el mundo. La infancia en los países pobres del planeta está pidiendo un compromiso a gritos. Para Anesvad es muy fácil. Solo hay que pararse un minuto.



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