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Jueves, 15 de junio de 2006
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La bomba del sistema hemodinámico es el corazón, un órgano que puede deteriorarse por culpa de la hipertensión
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EL EXPERTO

RECOMENDACIONES
Dr. Javier Lavilla

Especialista de la Clínica Universitaria de Navarra



Controlar la tensión arterial, especialmente a partir de los 40 años.

Evitar el sedentarismo, practicar ejercicio físico aeróbico al menos tres días a la semana.

Controlar el sobrepeso. Hay que modificar los malos hábitos dietéticos, como el consumo excesivo de sal y grasas, y tomar alimentos frescos, sobre todo fruta y verdura.

Eliminar cualquier hábito tóxico, especialmente el tabaquismo, perjudicial para los vasos sanguíneos.


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El corazón está constituido por unas potentes fibras musculares denominadas cardiomiocitos que forman el músculo cardiaco. Este importante órgano está dividido en cuatro cavidades, dos aurículas y dos ventrículos. La parte derecha del corazón recibe la sangre procedente de todo el organismo a través de la vena cava y la impulsa hacia los pulmones para que se realice el oportuno intercambio de gases. La aurícula izquierda recibe la sangre procedente de los pulmones para que el ventrículo izquierdo la impulse hacia todo el sistema arterial. De esa forma existen dos circulaciones de forma simultánea, una -cardiopulmonar- encargada del intercambio de gases, y otra -sistémica- encargada de la perfusión de todos los demás tejidos.

El corazón late con una frecuencia determinada regulada por una especie de marcapasos propio encargado de iniciar el impulso eléctrico que se transmite por las aurículas y ventrículos gracias a unos haces de nervios.

Se denomina 'gasto cardiaco' al volumen de sangre capaz de poner en circulación el corazón, que ronda los cuatro a siete litros por minuto. Ese volumen puede reducirse por una frecuencia muy lenta de latido o porque, en cada contracción, el músculo ventricular no pone una cantidad de sangre suficiente en circulación, bien por que no funcione o porque exista un volumen de sangre circulante disminuido. Todo ello termina originando el fallo del sistema hemodinámico.

Al contraerse el músculo cardiaco se reduce la cavidad ventricular para impulsar con fuerza la sangre hacia el sistema arterial. Entre las fibras musculares del corazón existe también un tejido fibroso que les da rigidez. La nutrición de ese tejido se realiza por medio de las arterias coronarias, procedentes de la aorta, que se distribuyen por la cara externa del corazón y generan diversas arterias que se introducen en el músculo cardiaco. Esas arterias coronarias pueden sufrir cierto colapso con cada contracción muscular.

La presión que ejerce la sangre dentro del sistema arterial y que permite su circulación por todo el sistema de conducción se denomina tensión arterial. Ésta será más baja si las arterias tienen una buena elasticidad, la resistencia ofrecida por las arterias más periféricas no es excesiva y el gasto cardiaco esté bien correspondido. Por el contrario, tenderá a ser más alta si el gasto cardiaco es elevado, la elasticidad de las arterias es pobre, la resistencia ofrecida por el sistema arterial alta o si el volumen sanguíneo en circulación también aumenta -por ejemplo, por retención de sal y agua-.

Bombeo más costoso

Si la presión de llenado del sistema arterial no necesita ser excesiva, la tensión será normal. Sin embargo, cuando la presión necesaria es mayor, aumenta el trabajo cardiaco con cada latido. En esas circunstancias el músculo del corazón debe hacer frente a un mayor esfuerzo. Las fibras musculares aumentan de tamaño y acaban constituyendo un músculo más potente. Ese cambio se denomina hipertrofia.

Al hipertrofiarse, el músculo cardiaco aumenta su potencia con cada latido, pero disminuye su capacidad para distenderse y por ello será capaz de recibir menos sangre en cada período de relajación, con lo cual se reduce la eficacia de bombeo con cada latido. Además, al aumentar de tamaño crecen también sus necesidades nutritivas, es decir, precisa un mayor aporte de oxígeno

La presencia de una hipertensión arterial no controlada, junto a otros factores que provocan arteriosclerosis -tabaquismo y hiperlipidemia-, someten al corazón a un riesgo elevado de padecer una enfermedad isquémica,que puede manifestarse finalmente como un infarto agudo de miocardio.



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