La ley que regula el consumo y la venta de tabaco desde el 1 de enero ha supuesto pérdidas cuantiosas para los quiosqueros o, dicho de otro modo, al menos una sensible disminución de las ventas. Y no solo de cajetillas.
En una estimación a grosso modo, Juan José Jiménez cree que en estos casi seis meses la pérdida directa puede cifrarse en unos 2.000 euros, solo por el tabaco que ha dejado de vender (la ganancia por cajetilla es la misma para todos, 15 céntimos), aunque precisa que la cantidad puede ser mayor o menor según cada quiosco. Pero esta pérdida económica directa no es la que más preocupa a los quiosqueros, sino la que ha llevado aparejada, ya que también han perdido clientes:
«Podemos decir que antes de enero la mitad de nuestra clientela era de compradores de tabaco y la otra mitad de prensa y revistas, y quien dejó de comprar tabaco dejó de venir y de comprar periódicos», apuntó Jiménez. Con las nuevas máquinas esperan recuperar los niveles de ventas del año pasado, tanto de tabaco como de prensa y revistas.