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Entre Esteban y Adolph
El Museo Esteban Vicente acoge la colección más completa reunida sobre Gottlieb
Entre Esteban y Adolph
Los organizadores de la exposición de Gottlieb, ante una de las obras. / ROSA BLANCO
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Cuando el visitante se adentra estos días en el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente pasea entre dos orillas de un mismo río. Las salas despiden un mismo eco: el expresionismo abstracto norteamericano. Por un lado, se encuentra con la colección permanente del artista que da nombre a la pinacoteca segoviana, y, por otro, las obras de Adolph Gottlieb (1903-1974), muy influenciadas por las creaciones llamadas 'toys' del de Turégano.

Durante la segunda mitad del siglo pasado, Nueva York se convierte en un faro para el arte contemporáneo. La música, la pintura, la escultura, la fotografía y el arte en general evoluciona bajo la luz guía de las vanguardias que arriban y desembarcan en la capital estadounidense. Adolph Gottlieb es uno de esos animador culturales y pilares fundamentales de uno de los movimientos que marcó la historia del arte de la segunda mitad del siglo XX: el expresionismo abstracto.

La Segunda Guerra Mundial provocó un éxodo masivo de los artistas de vanguardia hacia los Estados Unidos. Además, la legislación norteamericana favorecía la creación de grandes y modernos museos abiertos a las últimas tendencias y llegó a apoyar directamente a los propios artistas.

Revolución

Gottlieb pertenece a una generación que marca algo así como la mayoría de edad de la pintura norteamericana y que encuentra uno de sus principales apoyos en el Federal Art Proyects, una organización gubernamental que, entre 1933 y 1943, ofrece a los jóvenes artistas un empleo regular al encargarles la pintura de grandes murales en los edificios públicos.

La iniciativa marcó una auténtica revolución y consiguió que incluso muchos estudiantes se decantaran por las bellas artes. Este grupo de artistas norteamericanos beben de dos fuentes perfectamente diversas. Así, por un lado reciben la herencia de los surrealistas, refugiados principalmente en Centroamérica, y también absorben las lecciones de la Bauhaus.

Gottlieb era, de sus compañeros, el que más había viajado por la vieja Europa y el que mejor conocía lo que entonces se entendía como Escuela de París. No en vano su primer viaje al viejo continente como jovencísimo pintor lo realiza con menos de 18 años.

Faceta escultórica

El artista al que acoge el Esteban Vicente no solo destaca por su faceta de pintor Su incursión en la escultura fue corta pero intensa y se localizó en el periodo de un año, de 1967 a 1968.

En el museo se exponen 23 de las 25 esculturas que Gottlieb realizó a partir de pequeñas piezas de cartón recortado y pintado, que le servían de maquetas. Sobre superficies verticales, equivalentes al plano pictórico, y mediante formas recortadas que se interseccionan, compuso esculturas que utilizaban las mismas composiciones que Gottlieb plasmaba en sus lienzos. Una vez realizadas, las cubría con colores muy vivos: naranja, amarillo, verde y negro, aplicados con pincel sobre formas hechas a mano.



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