Somos tan emocionalmente inestables los españoles, y tan injustos a veces. Tenemos deportistas absolutamente maravillosos a quienes apoyamos mucho menos que a otros. Ahora estamos tan obsesionados con el inmodesto Fernando Alonso que nos olvidamos de Dani Pedrosa, que ha llegado más lejos con menos años, por no citar a Ángel Nieto. ¿Y Rafael Nadal? Inigualable en tierra batida y todo un caballero fuera de la pista.
Ya podía copiar un poco de ellos la selección española de fútbol, tan mimada y adinerada como decepcionante en los ámbitos técnico y humano. Más obras y menos victimismo, más entrega y menos cuento, más deportividad y menos soberbia.