La fructífera pareja artística formada por el director y guionista norteamericano James Ivory y su alma gemela, el productor Ismail Merchant, ha dejado en las filmotecas joyas como 'Una habitación con vistas' y 'Regreso a Howards End'. Ambos socios, practicantes de un cine poco habitual en Hollywood, han sabido dar forma a historias de época con un fuerte poso literario, enmarcadas en diferentes países europeos y asiáticos.
'La condesa rusa' supone su salto a China, un país fascinante para los directores, donde Merchant empezó a sufrir los síntomas de la enfermedad que acabaría con su vida poco después del rodaje. «Se sentía muy orgulloso de la película y muy contento de cómo había salido», afirma Ivory.
La cinta presenta a Ralph Fiennes en el papel de Jackson, un ex diplomático británico ciego que abre un club nocturno con la intención de refugiarse del ambiente prebélico que asolaba Shanghai en 1936. Un tugurio bautizado 'La condesa rusa', donde una auténtica noble rusa (Natasha Richardson) es su mayor tesoro. La revolución bolchevique la obligó a exiliarse junto a su familia y a convertirse en prostituta ocasional para sobrevivir. «La ceguera de mi personaje es paradójica teniendo en cuenta que tiene una poderosa visión de una vida nocturna que él no puede observar», afirma Ralph Fiennes.
Más allá de plasmar el día a día de una ciudad con miles de exiliados, una urbe que llegó a ser tan asiática como europea o estadounidense, 'La condesa rusa' saca a relucir el embrujo que el ambiente nocturno llegó a causar en sus habitantes.