¿Se puede transformar una batalla bélica en un acto de hermandad entre dos pueblos? Hoy no es posible, pese al deseo unánime de que ocurra. El odio, la muerte y la miseria que desencadenan las guerras nada tienen que ver con valores hermandad y de nobleza. Pero hace 108 años, en 1898 se produjo un suceso bien distinto.
En esa fecha, un puñado de 33 españoles, con el cabo palentino Jesús García Quijano al frente, soportaron durante once meses el asedio bélico al que fueron sometidos por los sitiadores filipinos con tanto valor, que aquel episodio ocurrido en una iglesia de la aldea de Baler, a cien kilómetros de Manila, les convirtió en héroes. Los 33 soldados son universalmente conocidos como 'Los últimos de Filipinas', ya que durante casi un año lucharon solos, aislados, sin noticias, sin refuerzos y sin esperanza en el conflicto que mantuvo España con Estados Unidos por la hegemonía del archipiélago, y que perdieron los españoles.
Su valor consiguió que tras la contienda fueran considerados soldados ejemplares en la ex colonia, en lugar de prisioneros de guerra, para lo que el presidente de la recién proclamada República de Filipinas, Emilio Aguinaldo, les facilitó un salvoconducto que garantizaba su regreso a España con categoría de héroes.
Uno de los dos cabos que comandó a ese puñado de valientes era el joven Jesús García Quijano, natural de la pequeña localidad palentina de Viduerna de la Peña. Su hazaña ya fue objeto de un homenaje el pasado septiembre en su pueblo natal, al que asistió el embajador de Filipinas en Madrid, Joseph Bernardo Medina. Ahora, aquellos hechos inspiran un hermanamiento promovido por la Diputación, que el próximo día 30 unirá a Palencia con la provincia filipina de Aurora, en cuya capital, Baler, se cimentó la resistencia de 'Los últimos de Filipinas'.
Sobrevivir a otra guerra
La vida del cabo palentino, que después sobrevivió otras guerras y batallas personales, será llevada de nuevo al cine en un largometraje que ultima su bisnieto Jesús Valbuena García, periodista residente en Madrid, que a fuerza de ahondar en aquella historia se ha convertido en un erudito del 'desastre del 98' y en el mayor admirador de su bisabuelo.
El rodaje ya está terminado y se presentará en el Festival de Cine del Instituto Cervantes de Manila, en versiones castellana e inglesa y también en tagalo. El tesón de Valbuena -que también ha realizado un documental recordando estos hechos- le ha llevado a crear la página en internet www.baleria.com para reflejar aquella historia que en tiempos de su bisabuelo pasó desapercibida.
Por el bisnieto conocemos que el cabo palentino fue el primer herido en el sitio de Baler. El 30 de junio de 1898, primer día del encierro de 'Los últimos de Filipinas', García Quijano recibió un balazo en una pierna, que le provocó una cojera de la que ya no se separó en toda su vida. De vuelta a Viduerna de la Peña, la hazaña del cabo quedó relegada a un discreto olvido. «La gente pensaba que su historia era la típica batallita del abuelo en lugar de un hecho universal reconocido por los filipinos y por los norteamericanos, incluso en las academias», explica su bisnieto.
En Viduerna, García Quijano retomó su vida de agricultor anterior a la de militar y comenzó una 'pelea' en las ventanillas de las incipientes administraciones para lograr una pensión de invalidez, que no se le reconoció hasta 1908, año en el que a toda la tropa de 'Los últimos de Filipinas' se le concedió una ayuda de 60 pesetas mensuales. El comienzo de la Guerra Civil sorprendió a Jesús García Quijano arando sus tierras con una pareja de vacas. La estructura del carro que se hallaba en las fincas se avistaba desde el aire con una imagen bien diferente a la de un simple utensilio de labranza. «Desde un avión se pensó que el carro era un cañón. Se arrojó una bomba y mató a tres vecinos que estaban en compañía de Quijano, mientras que a él le provocó terribles heridas», recuerda Valbuena. «Por eso, en mi familia siempre se ha dicho que mi bisabuelo fue a buscar una guerra y otra le vino a buscar a él», rememora su descendiente.
De esta nueva lacra bélica, el cabo de Viduerna sobrevivió «como un gato con siete vidas», aunque con una invalidez total y enfermo hasta su muerte, en 1947. Su fallecimiento se produjo dos años después de que se estrenara la película 'Los últimos de Filipinas', dirigida por Antonio Román, que fue declarada documento de interés nacional por el régimen de Franco. Sus principales protagonistas, Toni Leblanc y Fernando Rey, como siempre, bordaron los papeles que rememoraban aquella epopeya sin vencedores ni vencidos.
Coincidiendo con el estreno de la película -recuerda también Valbuena- Franco emitió un edicto por el que se ascendió a tenientes honorarios a los militares supervivientes de Baler que no hubieran estado en el bando republicano. «De los ocho combatientes en Filipinas que aún vivían en 1945, cinco, incluido mi bisabuelo, tenían hijos que habían combatido o que figuraban en el bando antifranquista, con lo que sus padres fueron perseguidos por el régimen. A unos se les retiró la calle con su nombre, a otros la pensión y a mi bisabuelo no se le invitó ni a presenciar la película. Los otros tres restantes, afines al régimen sí recibieron todo tipo de honores. Eso provocó que mi bisabuelo muriera en el más absoluto anonimato y me imagino que con bastante desazón», conjetura su descendiente, recordando también que el hijo mayor de González Quijano, «mi abuelo, fue un líder minero represaliado», añade. La represalia generó una sensación de desencanto en la familia, un sentimiento de que al cabo Jesús García Quijano no se le había hecho justicia, condenándole al olvido, ya que cuando murió en 1947 nadie se creía sus historias.
En 1998, coincidiendo con el centenario de la pérdida de la colonia de Filipinas, la familia de García Quijano desplegó una fuerte actividad para revitalizar la memoria de su antepasado con algún homenaje digno en Viduerna, lo que sí se consiguió. «Pero después de ese homenaje seguimos intentando dar a conocer su historia más allá de las fronteras locales por el simbolismo que tiene el episodio de Baler sin vencedores ni vencidos y para que sirva de puente de relación con Filipinas», manifiesta su biznieto.
La campaña de los parientes a favor de revitalizar la memoria histórica de 'Los últimos de Filipinas' y sobre todo del cabo de Viduerna prosiguió en diferentes foros hasta el año 2003. No estaban solos en este empeño, porque también se estaban movilizando los descendientes de los otros 32 militares que participaron en la gesta de Baler. «Cuándo ya pensábamos que no había nada más que hacer, surgieron determinados contactos con amigos filipinos. A través de la Embajada, el senador Edgardo Angara, nieto de uno de los sitiadores de la iglesia de Aurora, propuso que el 30 de junio fuera declarado Día Oficial de Amistad con España en memoria de aquel otro 30 de junio de 1899, en que 'Los últimos de Filipinas' recibieron el salvoconducto para regresar a España. La fiesta se fundamentó en que en Baler se demostraron valores de apego a la vida y a la supervivencia», señala ahora Valbuena. Especialmente receptiva a la memoria del cabo palentino ha sido la pequeña localidad de Viduerna de la Peña, cuna del militar, que con el homenaje tributado en septiembre pasado se adelantó a los actos que promovió en Barcelona el entonces ministro de Defesa, José Bono, al reunir a todos los descendientes de los 33 militares y a los alcaldes de sus respectivos pueblos.
Dos meses después, los descendientes se trasladaron hasta Baler junto con Bono para participar en un homenaje a los 33 soldados españoles en la mismísima iglesia donde 108 años antes tuvo lugar el asedio. El ministro dio las gracias por el comportamiento que tuvieron los filipinos con los combatientes. El siguiente paso en este reconocimiento lo acaba de dar la Diputación palentina al hermanar a Palencia con la filipina de Aurora y celebrar en la capital, el próximo día 30, el Día de la Amistad Hispano-Filipina, un acto que se unirá al homenaje que recibirá al día siguiente el arzobispo Miguel de Benavides (1550-1605), natural de Carrión, fundador de la Universidad de Santo Tomás en Filipinas, la primera del continente asiático.
Palencia será así el punto de encuentro de una amistad entre países forjada a partir de la solidaridad. Un siglo después de aquel episodio, más de medio mundo vive inmerso en centenares de guerras que cada año rompen la vida de millones de personas. Por éso, la lección que dieron en 1898 el cabo de Viduerna, sus soldados y el pueblo filipino resulta hoy más necesaria que nunca.