Es mucho más que una tradición. Es un ritual y una cita que no se puede olvidar y con la que se cumple fielmente. Y es que las bodegas son una seña de identidad de Lastras de Cuéllar. De hecho, se puede decir que en este pueblo que ahora apenas sobrepasa los quinientos habitantes hay más bodegas que casas. Hasta seiscientas construcciones de este tipo existen en este municipio, aunque no todas continúan abiertas y operativas para cumplir con su inicial función o con el centro de reunión y diversión en que se convierten cada fin de semana.
Aunque no todas abren sus puertas los sábados y los viernes, en un fin de semana siempre hay alguna bodega de la que el olor a vino y a chuletas a la parrilla se escapa por la puerta.
Y en otoño, cuando llega la vendimia, aunque en Lastras de Cuéllar ya apenas hay vides, sí que se sigue elaborando el vino como se hacía hace años. Muchos lagares continúan en pie para que su piedra siga majando las uvas que se convertirán en vino. En algunas no hay la maquinaria adecuada para elaborar el caldo de cosecha, pero los lastreños no renuncian a continuar con esta arraigada tradición y algunos se juntan en un bodega para prensar la uva que luego embotellan y dejan en su bodega para que alcance su punto adecuado para el consumo en las meriendas, las comidas y las cenas que nunca faltan en estas edificaciones que son todo un símbolo de Lastras de Cuéllar.