Los violentos asaltos que han sufrido en las últimas semanas muchos catalanes, sobre todo los residentes en casas y urbanizaciones aisladas de algunos municipios de las provincias de Tarragona y Lleida, obligan a perfeccionar la vigilancia. Ni las detenciones de algunos de los presuntos autores de esta oleada de robos, en su mayoría procedentes de países de Europa del Este, ni el despliegue de agentes de la Guardia Civil en comarcas de la provincia tarraconense han conseguido tranquilizar a la población. Las autoridades han hecho llamamientos a la calma e intentan frenar la proliferación de patrullas ciudadanas y las fuerzas de Seguridad perfeccionan con rapidez sus técnicas contra las bandas de asaltadores profesionales, pero muchos ciudadanos han querido tomar la iniciativa.