«Hey, ¿cómo subiste?». «Anda un poco, hombre». «Quita la mano, tío». «Si se cae, peor para él». Muchas veces, lo que parece más sencillo es lo más cosas cuestiona y, también, lo que más engancha al viandante. Un hombre, sin más, suspendido a cuatro metros de altura. Apenas una mano apoyada en la pared. La ley de la gravedad no parece ir con él (ni contra él). Las leyes de la termodinámica tampoco. Una de ellas dice algo así como que nada puede mantener su energía de forma permanente sin alguna otra fuerza externa que lo alimente.