Las enfermedades renales afectan al 11% de la población, un porcentaje creciente y en el que una detección tardía complica los cuadros clínicos. En torno a la mitad de los afectados precisa un trasplante y, el resto, convive con su patología con la ayuda de la diálisis.
Los programas de trasplantes renales se han consolidado en la comunidad y, en particular, en el hospital Clínico de Valladolid donde ya se han practicado 21 injertos renales desde que comenzara el año, casi el triple que su homólogo salmantino, que ha practicado 8 en el mismo tiempo.
Desde que el complejo vallisoletano comenzara, en 1995, a realizar este tipo de intervenciones, son ya 317 los trasplantes realizados por su servicio. Salamanca, que comenzó cuatro años antes, suma ya 521, es decir, que hay 838 pacientes de Castilla y León que han recibido un injerto.
El programa de trasplantes es, por lo tanto, un servicio asistencial absolutamente consolidado en la comunidad pero sus complicaciones, las características del donante o el doble transplante, junto al de páncreas, están en continua evolución asistencial. Por ello, la asociación de enfermos renales Alcer, organiza cada año unas jornadas de actualización de técnicas y de análisis de la situación clínica.
La Feria de Muestras de Valladolid acogió así ayer las XII Jornadas Regionales de Enfermos Renales, organizadas por la Federación Regional de Alcer.
A lo largo de toda la mañana, el encuentro acogió las ponencias y los coloquios de varios médicos de los hospitales de Valladolid y de Salamanca y de un letrado tras la apertura del acto a cargo de Jesús de Ávila, presidente de Alcer en Valladolid. La diálisis, la enfermedad de Fabry y otros trastornos hereditarios o las novedades en la legislación sobre pensiones y discapacidades protagonizaron las jornadas.