La educación es la mejor prevención para la salud, física y mental. En nosotros la naturaleza ha hecho posible el milagro de la conciencia, la biología ha entonado su melodía más compleja. Con cada instante de vida aprendemos, ma-ravillosa e infinita capacidad la nuestra, a veces limitada por múltiples factores, entre ellos esa tormenta que enreda el ser, y que hace enfermar a personas, a familias, simplemente con el natural hecho de destilar viviendo lo que somos, necesidad de afecto, seguridad, autoestima. En ellos las interferencias, los espacios vacíos, la ambigüedad, causan estragos. El maltrato es el último escalón en la vida de cualquier ser. La agresión es la consecuencia de unos preliminares destructivos y reconstructivos equivocados de quienes maltratan. La prevención viene de la mano de la educación. Educar no es sinónimo de escuela, sino de afecto, y el afecto nos mira desde la escuela, desde el trabajo, desde la amistad, desde la pareja, desde la familia. Educar con afecto es un acto posible tantas veces como mi-nutos de vida tengamos.