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Lunes, 22 de mayo de 2006
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Costra provinciana
LECTOR amigo: ¿Figura usted entre quienes piensan, sienten y padecen que esta región, esta comunidad autónoma que nos acoge, es provinciana -en el sentido peyorativo del término, ojo- y se encuentra encogida? Bienvenido al club de los que andamos metidos en esa creencia, sentimiento y padecimiento.

Un ejemplo ilustrador: en esta región hubo en tiempos una Universidad -que no hay por qué nombrar, pues cualquiera la identifica- que fue la que contó con mayor número de alumnos matriculados en todo el orbe cristiano, es decir, europeo. Su potencia se fundamentaba en su in-fluencia en los estratos de la Administración y de la Iglesia y definió -no es momento de precisar las situaciones favorables y otras no tanto- muchas cosas en el mundo, porque generó desde el Derecho de Gentes hasta las bases gramaticales del idioma. Esa era la fuerza de su grandeza, hasta que cayó precisamente porque se hizo provinciana, porque limitó sus ámbitos de actuación y de perspectivas, porque su mirada se hizo corta, estrecha y sin peso a causa de la ligereza propia de la inconsistencia.

La Historia que se configura con la concurrencia de historias ya sabemos que es maestra de la vida, aunque la tendencia de estos tiempos sea prescindir de todo lo que puede enseñar porque se considera antigualla cuanto aporta consistencia y que anularía la frivolidad de la dependencia de la coyuntura que tanto parece que nos agrada. Y la Historia, ahora, nos debería permitir apuntalar la idea de que el progreso reside en avanzar con ideas y análisis abiertos y con ambición de futuro en los planteamientos, en lugar de seguir pasmados en el Trento teológico que marcan quienes reducen el futuro a sus pequeños corrales. Y en Castilla y León nos encontramos metidos entre las bardas limitadoras que imponen quienes controlan, pero que controlan porque lo permite la sociedad que, lamentablemente, se siente satisfecha de encontrarse protegida en esos corrales.

En esta tierra nos hallamos encerrados entre paredones muy provincianos, sin perspectiva. En la decadencia que nos envuelve -¿es que no tenemos constancia de datos suficientes para testificarlo?- quizá lo más peligroso sea que falta conciencia de tal decadencia de ideas y afanes re-generadores, que es posición que favorece abiertamente a quienes nos pastorean -y por eso la cultivan generosamente-, pero que perjudica lastimosamente a quienes tienen derecho a buscar mejores horas en los distintos estratos de la vida. Ahora que vamos a someternos a la dura prueba de una nueva campaña electoral y sus consecuencias, sería el momento, sin duda, de plantarle cara a esos pastores, del signo que sean, y salir respondones con exigencias nuevas y firmes, y no de boquilla, sino de compromiso sólido y racional que ponga a este territorio en ruta de poder romper la costra de entorno provinciano que nos envuelve y que, según se asegura, nos 'defiende'.



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