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Lunes, 22 de mayo de 2006
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Informe simiesco para una ley
LAS críticas surgidas al proyecto de ley que protege los derechos del simio son fáciles e irreflexivas, es evidente que no son comparables los desarrollos mentales de humanos y simios. Jorge Wagensberg lo precisa: «El dato de que la distancia genética entre un chimpancé y un humano ronde el 1% solo demuestra lo mucho que puede llegar a ser un 1%». Las críticas vertidas, en el fondo, enmascaran una cruel realidad, la de para quienes los animales no son seres vivos y solo lo somos nosotros. De eso no trata la ley. Intenta erradicar la tiranía de los humanos sobre los seres no humanos. La ley se centra en los simios, pero es un toque de atención al resto de seres vivos de la naturaleza. Peter Singer se pregunta, ¿por qué piensan los seres humanos que poseen una dignidad inherente y los animales, no? El principio moral de la igual consideración de intereses no puede restringirse arbitrariamente a los miembros de nuestra especie.

¿Por qué merecen derechos los si-mios? Hay razones objetivas. En su nivel primario, los simios viven las emociones, establecen relaciones estables de pareja, muestran signos de autoconsciencia, se afligen, juegan, saben mentir cuando se les enseña el lenguaje de los signos, forman grupos políticos e intercambian favores. Si atendemos a los derechos de los niños y disminuidos psíquicos, no se puede obviar que los simios son el equivalente intelectual de un niño de dos años o de personas con disminuciones psíquicas.

Son tres los derechos básicos que protege la ley: derecho a la vida, derecho a la libertad, derecho a no ser torturados. El mandamiento del Antiguo Testamento 'no matarás' nada dice acerca de no matar animales. Esto es antropocentrismo, un ejemplo flagrante de discriminación hacia los animales basado en la creencia de que los humanos somos los reyes de la naturaleza, al-go tan estúpido co-mo el racismo o el sexismo.

La liberación animal tiene gran desventaja, los animales no pueden por sí mismos hacer una protesta organizada contra el maltrato del que son objeto, salvo individualmente. La ley defenderá a aquellos seres vivos que no pueden hablar por sí mismos. La liberación animal es también liberación humana. Mientras no seamos sensibles con todos los seres vivos, no seremos ética, plenamente humanos.

Como indica Francisco Mora, nadie duda hoy que los primates tienen mente, elaboran procesos cerebrales conscientes, los transmiten entre ellos y pueden sufrir trastornos con conductas psicopatológicas. Los chimpancés pueden sufrir síndrome depresivo si se les separa a edad muy temprana de su madre, y volverse agresivos, violentos, obsesivos, con conductas erráticas y antisociales. Tienen una cultura rudimentaria, crean conocimientos nuevos que transmiten a las generaciones por el aprendizaje unos de otros. Esa cultura es diferente para cada colonia, separadas por cientos de kilómetros. No solo son capaces de usar utensilios, sino de elaborar conductas genuinas. Se han detectado hasta 39 patrones de conducta propias. El famoso chimpancé Washoe fue capaz de aprender y utilizar 85 signos del lenguaje de signos. Los bonobos entienden el lenguaje humano hablado (el bonobo Kanzi construye frases rudimentarias de dos o tres palabras). Los chimpancés tienen cierta consciencia. Son capaces de reconocerse a sí mismos como tales. Chimpancés salvajes de la selva, tras varios días de mirarse al espejo, exploraban partes de su cuerpo, algo que sería imposible sin el espejo. Y entienden los estados psicológicos; como señala To-masello, «los chimpancés parecen comprender algunas co-sas de lo que otros hacen y ellos no ven o algunas cosas acerca de las actividades que desarrollan otros».

La ley de derechos del simio es de profunda humanidad; Kafka tenía razón con su si-miesco 'Informe pa-ra una academia'.



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