El último capítulo está dedicado a las cofradías, a sus documentos más antiguos, su vestimenta y otros objetos que profundizan en la importancia religiosa de estas organizaciones. Los coordinadores de la exposición reconocen la relevancia que tienen estas hermandades como organizadoras de las procesiones. No puede falta el instrumento con el que se toca el tararú, el sonido bronco que inicia los desfiles y anuncia los momentos más señeros de la Semana Santa. Así como una carraca, del siglo XIX, en madera de pino, de la iglesia de Piña de Campos; o la tabla de hermanos, donde se registraban el nombre de los cofrades, que pertenece a la cofradía de la Soledad; o la tabla de indulgencias del Santo Sepulcro.
La cofradía del Cristo de la Misericordia aporta su Vía Crucis de calle, tallado en 1999 por Luis Fernando Martínez, con el que celebra este acto penitencial en la Plaza Mayor todos los Miércoles Santos. Algunos documentos expuestos evidencian la antigüedad de las cofradías.