Uno busca contestación a cuantas pequeñas cosas ocurren en su diario devenir y, casi siempre, moviendo las pesas llega a un equilibrio en la balanza. Pero hay ocasiones en que es imposible, como me ocurrió ante a calle llena de basura dejada tras la fiesta de Arquitectura; manifestación del desprecio, el descontento y la desmotivación existente. Los contenedores estaban vacíos y, al lado, el suelo lleno de vidrios rotos, botellas de plástico, bolsas y algún carrito del supermercado. Lamento decir que el poso que me dejó dicho escenario es que a pesar de ser una fiesta la gente acabó desencantada y que ahí no se encontraba lo que estaba buscando.
Como padre me preocupa y produce consternación, por la responsabilidad que me toca.