El verano comienza con mucha actividad en Calabazas, un pequeño pueblo de apenas sesenta habitantes. El primer o segundo fin de semana de julio la asociación cultural Todo es ponerse se encarga de organizar los festejos en honor de Santa Isabel con dos días de velada nocturna, uno con orquesta y otro con una discomovida.
Un mes después, los vecinos tienen otro motivo de unión y celebración: las fiestas de San Roque, que se adelantan del 16 de agosto al fin de semana anterior «para no coincidir con los pueblos más grandes y porque los grupos en esas fechas cuestan mucho», explica el alcalde, Fernando San Juan. Y es que, aunque pequeño en habitantes, Calabazas no renuncia a sus tres días festivos, dos animados por las canciones de la orquesta y otro por una discoteca móvil.
Y sin tiempo para descansar, llega la semana cultural, organizada después de las fiestas mayores por la asociación cultural puesta en marcha hace unos años y que incluso cuenta con un local propio para celebrar otras actividades.