El crudo caro ya frena el consumo de productos petrolíferos en España. El pasado año creció el 1,7%, frente al 2,2% de avance del ejercicio anterior y pese al dinamismo del gasto doméstico. La patronal del sector explica que el frenazo se debe al encarecimiento de los carburantes por el repunte del crudo, pero también a la menor capacidad de gasto de las familias, afectadas por la subida de tipos de interés.
Para atenuar el impacto del petróleo caro, la industria refinadora nacional tiene grandes planes inversores en conversión de instalaciones, con el fin de adaptarlas a la demanda, pero reclama que se les reconozcan más derechos de emisión de CO2. Sin ellos, la producción de las nuevas plantas -tres de Repsol YPF, una de Cepsa, una de BP, unas inversiones que superan los 6.000 millones de euros en el periodo 2004-2012- no será competitiva, según denunció ayer la Asociación de Operadores Petrolíferos.
La AOP ha analizado el consumo de España y concluido que, en el 2005, siguió cayendo con fuerza la demanda de gasolinas, pero también se frenó la de gasóleos. Y eso pese a que en la composición del nuevo parque de automóviles el motor diésel ha seguido ganando terreno, y ya representaba el pasado año el 67,8% frente al 65,1% del anterior. Los precios empiezan a hacer mella en los hábitos de los consumidores, que ya no llenan el tanque de sus vehículos con la misma alegría.
La patronal de las petroleras ya no se atreve a realizar pronósticos sobre la evolución del precio del crudo. Su presidente, Dominique de Riberolles, apostaba hace un año por 35 dólares el barril, cuando ya ha superado los 70 dólares, y ahora prefiere profundizar en las causas. De Riberolles explicó que el crecimiento de la demanda mundial ha puesto a prueba los límites de capacidad, de manera que cualquier incidente amplifica las subidas. «Los especuladores siguen la tendencia, y toman dinero prestado, que todavía les sale barato, para realizar sus operaciones reaccionando ante cualquier noticia», comentó. Todo vale, desde los huracanes del Golfo de México a la huelga de Venezuela o los disturbios de Nigeria.
El presidente de la AOP reconoció que actuaciones como la nacionalización de los hidrocarburos decretada por el Gobierno de Bolivia genera incertidumbres que paralizan los proyectos. «Sin seguridad jurídica, las empresas no invierten», aseveró.
A la AOP le preocupa, por otra parte, la reducción de márgenes en la comercialización de productos. La prohibición de vender tabaco -estima la patronal petrolera- resta una tercera parte a la facturación de las gasolineras en su actividad de tiendas de conveniencia. Dada la condición de 'gancho' que desempeñan los cigarrillos, los ingresos totales de 1.800 millones de euros al año se verán reducidos en 650 millones: 550 millones que procedían de la venta de tabaco y otros 108 millones de venta inducida.